La acusación presentada por el Ministerio Público contra Jorge Luis Caballero Alonso confirma que Jessica Mercedes Salinas Martínez vivió un ciclo de violencia que culminó con su asesinato. El expediente registra las agresiones reiteradas — que ocurrían incluso “frente a los hijos de la víctima”—, y que sufrió durante la relación que ambos mantuvieron entre 2023 y 2026.

El Ministerio Público formalizó la acusación el 10 de julio de 2026 ante el Juzgado de Distrito Especializado en Violencia y Adolescencia de León, donde el acusado enfrenta cargos por el delito de femicidio. Ese mismo día, la autoridad judicial admitió la acusación, mantuvo la medida cautelar de prisión preventiva y programó la audiencia inicial para el próximo 27 de julio.

Jessica Mercedes —según la acusación—, inició una relación de pareja con Jorge Luis Caballero Alonso a finales de 2023. Tras un periodo de convivencia en la vivienda de la madre de la víctima, la pareja se trasladó a una casa alquilada en el barrio 23 de Julio de León junto con los hijos de Jessica. La investigación sostiene que, durante los años siguientes, el acusado ejerció violencia de manera reiterada contra ella.

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Según el expediente, Jessica manifestaba en repetidas ocasiones su decisión de terminar la relación; sin embargo, el acusado le pedía perdón y la convivencia se reanudaba, lo que hacía una “relación disfuncional”. Este patrón es uno de los elementos que la Fiscalía incorpora para sostener la existencia de violencia previa al crimen que ahora investiga como femicidio.

Discusión previo al femicidio 

El Ministerio Público intenta demostrar que la noche del 7 de julio de 2026, durante una discusión en la habitación que ambos compartían, el acusado presuntamente asesinó a Jessica. La acusación señala que posteriormente salió del cuarto y dijo a uno de los hijos de la víctima que no la molestara porque “estaba descansando”. El cuerpo de Jessica fue encontrado horas después.

«Valiéndose de la superioridad física y aprovechando que la víctima se encontraba acostada en la cama, utilizando sus manos sujetó con fuerza el cuello de la víctima hasta estrangularla», relata la Fiscalía, agregando que la cubrió con una sábana y luego salió del cuarto. Luego dijo a uno de los hijos de la víctima que no «molestara a su madre porque estaba descansando».

Durante la audiencia preliminar, la Fiscalía informó que presentará pruebas testimoniales, periciales y documentales para sustentar la acusación. Entre las diligencias autorizadas por el juzgado figura un “anticipo de prueba para una testigo” —mecanismo previsto en la legislación para preservar declaraciones consideradas relevantes dentro del proceso penal—.

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La jueza Wendy Balladares Cortez resolvió admitir la acusación al considerar que cumple los requisitos establecidos por el Código Procesal Penal y ordenó mantener la prisión preventiva del acusado debido a la gravedad del delito imputado. Además, a petición de la defensa, dispuso que el Instituto de Medicina Legal valore el estado de salud del procesado, quien manifestó padecimientos renales.

El caso de Jessica volvió a poner en evidencia un elemento recurrente en los femicidios: la violencia letal suele estar precedida por agresiones y reiterados patrones de control, agresiones físicas y psicológicas, amenazas y episodios de aparente reconciliación que dificultan que las víctimas puedan abandonar la relación de forma segura. 

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La Lupa Feminista