El término micromachismos fue acogido hace más de 30 años por el psicólogo Luis Bonino Méndez, que buscaba dar nombre a prácticas que en ese entonces algunos especialistas identificaban pequeños actos de “tiranía”  o “violencia soterrada” contra las mujeres. La práctica de estos sigue vigente y se vuelven cada vez más nocivos, ya que fomentan la desigualdad entre hombres y mujeres, afirma la defensora de derechos humanos Nancy Mora, integrante de la Red de Mujeres del Norte.

“Los micromachismos son esos mecanismos, actos, comentarios, afirmaciones sutiles que se utilizan para disminuir a las mujeres, reducir el trabajo que realizan, para justificar prácticas y comportamientos machistas, y también son actos violentos, porque esto tienen un efecto a nivel emocional, psicológico en la mujer y en el hombre, limita la masculinidad, además de que refuerza la imposición de los roles masculinos y femeninos, fomentando prácticas desiguales de poder”, explicó.

Apuntó que los micromachismos, en algunas ocasiones, pueden ser difíciles de identificar, sobre todo por lo normalizados que están en la cotidianidad de la sociedad, pero, resaltó, pueden identificarse porque suelen estar presentes en afirmaciones, actos, comentarios y acciones que refuerzan las desigualdades. La defensora ejemplificó los micromachismos, recordando el caso que le planteó una adolescente de las comunidades con las que trabajan, mencionando que en algunas escuelas encargan la limpieza de las aulas exclusivamente a las niñas, y ordenen a los niños «ayudar levantando las sillas del salón».

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Micromachismos que pasan inadvertidos

La Lupa realizó un sondeo con mujeres y hombres, algunos que incluso nunca habían escuchado el término, que ayudaron a construir la siguiente lista de diez micromachismos:

1- Las niñas limpian el salón, los niños levantan las sillas

En las escuelas públicas de Nicaragua a los alumnos y alumnas se les orienta roles de limpieza de los salones. Sin embargo, la tarea que generalmente deben cumplir las niñas es trapear el piso, mientras que a los niños se les orienta levantar o mover las sillas. En general, explica la experta, pareciera que a ambos se les incluye, sin embargo, la asignación de esas tareas refuerza el rol impuesto socialmente a que las mujeres son cuidadoras, encargadas del hogar, y a los hombres como los que tienen la fuerza y la seguridad, entonces, hay una distribución desigual de los roles, porque se podría distribuir de forma distinta, un día los varones trapear y las niñas levantar sillas, porque no es verdad que las niñas no pueden levantar sillas o asumir las tareas de forma igualitaria.

micromachismos

2- “¡Vas a salir a la calle vestida así!”

Madres, padres, hermanas, hermanos, o parejas, tratan de decidir sobre el cuerpo de la mujer, sobre la decisión que ha tomado, sobre el tipo de prenda que quiere y ha decidido usar. Este tipo de micromachismos, indica Mora, limita la libertad de las mujeres y de paso resta responsabilidad a los hombres frente al acoso callejero. «Muchas veces detrás de esas frases hay un temor a lo que los hombres puedan decirle a las mujeres, a las adolescentes, jóvenes o adultas, supuestos «piropos», que en realidad son palabras obscenas, vulgares, abusivas, entonces, con estas críticas o imposiciones sobre lo que debe o no llevar puesto la mujer para que supuestamente no sea acosada se deja en ella la responsabilidad de si sufre o no acoso, cuando la vestimenta en realidad no tienen nada que ver con el comportamiento machista, abusivo, de quienes cometen acoso callejero».

3- Negarse a que una mujer te ceda el paso

La frase «primero las damas» está tan arraigada que a los hombres les resulta, en la mayoría de los casos, chocante que una mujer les permita ir primero o bien, si acceden, lo hacen después de haber intentando por lo menos en dos ocasiones que ella fuera primero. La defensora de derechos humanos apunta que, pese a que parece un simple acto de cortesía, en realidad se está decidiendo sobre la mujer, se da por hecho que ella quiere pasar primero, se le impone ir primero, no se le deja decidir, cuando debería tener la libertad, sin peros revestidos de cortesía, de pasar después del hombre si es que así ella lo desea o bien simplemente pasar sin que se le discuta su decisión.

4- ¡Que pase el niño, él va a quebrar la piñata!

En las fiestas de cumpleaños usualmente se delega a los niños para terminar de romper la piñata, pese a que las niñas deberían tener la misma oportunidad de hacerlo, reforzando con este tipo de situaciones, señala Mora, la idea de que el hombre es el fuerte y la mujer la frágil y delicada; es decir, «se continua reforzando la idea de ubicar al hombre los protagonistas, libres, fuertes, y a las mujeres más en una posición pasiva, quieta, débil, o silenciosa».

5- ¿Por qué están tan solitas? o el «vivimos solas» (aunque hay varias mujeres en el mismo sitio)

En bares o restaurantes es común ver hombres que hacen este tipo de consultas a mujeres que no son acompañadas por hombres en una mesa. También es usual escuchar a las mismas mujeres decir que están solas pese a que hay varias en la misma casa. Ambas situaciones, explica Mora, refuerza el rol del hombre fuerte y la mujer débil, la que tiene que estar junto a uno de ellos para «estar acompañadas». Además, señala, es la falta de reconocimiento de la mujer como compañía, deshumanizándolas, reduciéndolas a nada o nadie, porque quien dice que dos, tres o un número indeterminado de mujeres están solas porque no hay un hombre ahí no las están reconociendo como lo que son, seres humanos, que también son compañía entre sí.

6- En caso de ser mesero o mesera, entregar la cuenta al hombre de la mesa o devolver el cambio a él, pese a que lo haya entregado la mujer

Este tipo de acciones, apunta Mora, refuerzan la idea impuesta socialmente de que el hombre es el proveedor, el que paga las cuentas, los dueños del dinero, ubicando a las mujeres como quienes las que no generan recursos, perpetrando la desigualdad en este sentido y forzando muchas veces a las mujeres a tener que dar el dinero al hombre para que sea él quien pague, justamente, para evitar ese tipo de situaciones que muchas consideran bochornosas.

7- Las mujeres piden muchos permisos (Refiriéndose a las licencias autorizadas para el cuidado de hijos e hijas).

En algunas empresas se prioriza la contratación de hombres porque consideran que las mujeres piden muchos permisos para asistir a sus hijos en consultas médicas o reuniones escolares. Mora valora que este tipo de situaciones, además de ser discriminatorias, refuerzan la idea o el rol que se le ha impuesto a la mujer como la cuidadora, la que vela por los hijos que son responsabilidad de pareja, y además se le disminuye por el hecho de haber decidido ser madre, complicándoles más las posibilidades de acceder a un empleo.

8- ¿Entendiste? (Cuando un hombre da instrucciones a un grupo y solo a las mujeres les insiste en sí han comprendido)

La consulta, aunque parezca cortesía, explica la defensora, promueve la desigualdad entre hombres y mujeres, pues «los ubica a ellos como los conocedores y a las mujeres como las receptoras, las que les cuesta entender; los deja nuevamente a ellos como los protagonistas y a las mujeres siempre en el rol pasivo, que no son reales, que no son ciertos, pero que en la práctica se siguen reforzando, aunque hay mujeres expertas, muy capacitadas, pero se les sigue disminuyendo y poniendo detrás un hombre».

9-  ¡Anda en sus días! (En referencia al período menstrual de la mujer y a que en esos momentos a su entender está “más histérica”).

La expresión, a juicio de Mora, aunque también es reproducida por mujeres, «desvaloriza la rabia, el enojo, el reclamo de la mujer, los momentos en los que somos capaces de demostrar nuestro enojo, disminuyéndola a que es histérica solo por defenderse, enojarse, exigir su lugar, sus derechos, fomentando así que ese período por el que pasan las mujeres sea ridiculizado, minimizado y banalizado».

10-¡Deberías saber hacerlo, sos mujer! (Refiriéndose a tareas como cocinar, lavar, planchar, coser u otras que se han englobado como supuestamente dirigidas a realizarse por mujeres).

Este tipo de situaciones que se asumen por el hecho de que es mujer, asegura Mora, «refuerza la idea o el rol que se le ha impuesto socialmente a la mujer bajo el supuesto de que está para cuidar, para saber todos los oficios o labores en una casa, lo cual no es cierto, no todas las mujeres pueden o les gusta hacer ese tipo de labores, además, los hombres también deben saber hacerlo incluso por sobrevivencia».

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La Lupa Nicaragua