Violencia política de género limita la participación de las mujeres en Nicaragua


La violencia política contra las mujeres en Centroamérica no se limita a las amenazas y los ataques en redes sociales. También opera dentro de los partidos políticos, mediante la exclusión de los espacios de decisión, las barreras para acceder a financiamiento y la asignación de candidaturas con menores posibilidades de resultar electas. En Nicaragua, la vigilancia y la persecución agravan las barreras para participar en la vida pública.
Estas prácticas, que restringen sus oportunidades de acceder al poder y ejercer sus derechos políticos en condiciones de igualdad, es uno de los patrones identificados por el Observatorio Regional de Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género, una iniciativa del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem).
El observatorio busca documentar, analizar y visibilizar las agresiones contra las mujeres que participan en política, generar evidencia e impulsar acciones para prevenir y enfrentar esta forma de violencia en América Latina y el Caribe.
Durante la presentación, una de las especialistas explicó que en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Panamá existen patrones comunes de violencia política de género, aunque sus “modalidades e intensidades” varían según las condiciones de cada país.
“Hay una dimensión transversal de estos países (…) en las que se identifican ciertos estereotipos de géneros comunes, en los que se está deslegitimando los liderazgos de las mujeres”, afirmó la integrante de Cladem.
Entre las agresiones documentadas figuran las amenazas sexistas, los cuestionamientos a las capacidades políticas de las mujeres, los ataques contra sus cuerpos, apariencia física y vida privada, así como las campañas de desprestigio para “desalentarlas a participar en la vida política”.
“También hay algunas otras formas de violencia que, aunque son menos visibles, están en los países. Se ha logrado identificar dentro de algunos partidos políticos espacios de exclusión en la toma de decisiones, al interior de esos partidos”, reiteró la consultora de Cladem.
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Estas agresiones reproducen estereotipos de género que ponen en duda la capacidad de las mujeres para ejercer liderazgos y participar en la toma de decisiones.
En Nicaragua, las restricciones al espacio cívico y la persecución política agravan las barreras que enfrentan las mujeres para participar en la vida pública, según la revisión presentada.
“En Nicaragua se han identificado (…) algunas restricciones en el espacio cívico debido a la situación política, social que se vive, la vigilancia, la persecución que están enfrentando las mujeres en todas las esferas de la vida”, señaló la especialista.
Este contexto limita las posibilidades de participación de las mujeres más allá de las agresiones que ocurren en las plataformas digitales. Sin embargo, no se presentaron cifras específicas sobre la cantidad de casos de violencia política digital registrados en Nicaragua ni datos que permitan medir su frecuencia.
La especialista explicó que la violencia política contra las mujeres no es un fenómeno nuevo, pero las tecnologías digitales amplifican su alcance y pueden “facilitar la comisión de violencia y la impunidad”.
“Se han identificado —subraya— algunos casos en los que se dan amenazas, hostigamiento, prácticas misóginas, desinformación, exposición de datos personales, donde a veces es difícil poder identificar quién es la persona agresora y eso se ha documentado en varios países de la subregión de Centroamérica”.
Estas agresiones buscan descalificar a las mujeres y pueden dificultar la identificación de quienes las perpetran, lo que complica los procesos de denuncia y la respuesta institucional.
La revisión también identificó vacíos normativos y dificultades para aplicar las disposiciones existentes. Panamá “no cuenta con una ley específica para prevenir, sancionar y erradicar la violencia política contra las mujeres”.
En Guatemala, pese a la existencia de legislación general y protocolos, persiste la necesidad de una “regulación más integral”.
Honduras dispone de medidas sobre “paridad y protocolos de actuación institucional”, pero enfrenta desafíos para garantizar el ejercicio efectivo del derecho de las mujeres a participar en política libres de violencia.
En El Salvador, la violencia política fue incorporada en 2021 a la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres. El país también cuenta con una Ley Especial de Delitos Informáticos y Conexos, aunque la especialista advirtió que hace falta articular ambos marcos normativos y garantizar su aplicación.
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En Nicaragua, la revisión no identificó un protocolo de actuación comparable con los documentados en otros países de la región.
La existencia de leyes y protocolos, por sí sola, no garantiza que las mujeres puedan denunciar las agresiones, recibir protección o acceder a la justicia. La especialista señaló dificultades para dar seguimiento a las denuncias, imponer sanciones, adoptar medidas de protección y garantizar la reparación integral del daño, incluidas las garantías de no repetición.
A estos obstáculos se suma la falta de información pública. La revisión encontró dificultades para acceder a datos sobre las denuncias y las actuaciones institucionales, lo que limita la posibilidad de conocer la dimensión de la violencia y evaluar las respuestas de los Estados.
La especialista aclaró que los datos disponibles no son plenamente comparables entre países debido a las diferencias entre los indicadores utilizados en las investigaciones. Aun así, permiten reconocer patrones comunes y orientar nuevas líneas de documentación.
El observatorio pretende contribuir a cerrar estas brechas mediante la recopilación de información, el análisis de las respuestas institucionales y la formulación de propuestas de políticas públicas.
