Cinco mujeres fueron asesinadas en Nicaragua en 19 días. En cuatro casos, los principales sospechosos eran sus parejas y los crímenes ocurrieron entre el 14 de septiembre y el 3 de octubre en Matagalpa, Chinandega, Managua y Chontales, y dejaron además a hijos y familiares enfrentando las consecuencias de las muertes violentas por razones de género. 

En algunos casos las mujeres fueron objeto de maltrato, control y amenazas por parte de sus agresores.

Los casos más recientes ocurrieron el 2 de octubre de 2026 en Managua y Chontales.

El cuerpo de Brenda del Carmen González, de 36 años, fue encontrado en un potrero de la comarca Zapote de Oriente, entre los municipios La Libertad y Santo Domingo, de Chontales.

Brenda había salido de su vivienda en La Libertad la mañana del 30 de septiembre junto a su pareja, Óscar Danilo Mairena Miranda, de 42 años. Desde entonces no había regresado a casa. Su madre, Ligia del Carmen González Vargas, relató que Mairena había llegado a buscarla. 

Familiares de ambos señalaron que Brenda había sufrido maltrato por parte de su pareja durante varios años. Ambos procrearon cuatro hijos, entre ellos un niño de tres años. 

La Policía buscaba al hombre como sospechoso del femicidio, pero fue encontrado muerto el 3 de octubre en la comarca Azucena, sector Palo de Arco, en San Carlos, Río San Juan. Las circunstancias de su muerte no habían sido determinadas por las autoridades.

El 2 de octubre en Loma Linda, un barrio de Managua, Meybol Elieth Palacios  también fue asesinada por su pareja, Luis Alberto Pérez Cárdenas. Su hermana, Marjorie Palacios, resultó herida cuando intervino para auxiliarla.

El caso reveló además que Pérez Cárdenas tenía antecedentes y había sido procesado al menos nueve veces por conductas violentas y robo, incluso en un caso relacionado con su propia madre.

Meybol tenía hijos y su muerte dejó a su familia enfrentando no solo la pérdida, sino también las consecuencias de una agresión que alcanzó a otra mujer de su entorno.

Otras muertes de mujeres 

En Matagalpa, Alma Julia López Cano fue atacada con un arma blanca por su pareja, Marvin Antonio Martínez Alonso, en la vivienda que ambos compartían en Las Tejas 2. El hombre posteriormente ingirió un agroquímico y murió.

Vecinos citados por medios locales dijeron que la pareja aparentaba tener una relación normal y que nunca habían observado señales de maltrato. Sin embargo, especialistas han señalado que la violencia dentro de las relaciones de pareja suele permanecer en el ámbito privado y que el comportamiento del agresor frente a otras personas no necesariamente refleja lo que ocurre dentro de la vivienda.

El 17 de septiembre en una comunidad de la carretera entre Chinandega y Corinto, fue asesinada María Coronado Hernández, una joven cuya muerte es investigada.

El principal sospechoso es su pareja, identificado hasta ahora como Rafael. Según sus familiares, María era víctima de distintas formas de control: él le quitaba el teléfono para impedirle utilizar redes sociales, la obligó a dejar su trabajo, instaló cámaras en la vivienda para vigilarla y la amenazaba con matarla si denunciaba lo que ocurría.

María planeaba viajar a España con una tía para alejarse de esa relación. Fue asesinada antes de poder hacerlo y dejó un niño en la orfandad.

Una adulta mayor asesinada por su nieto

El 30 de septiembre, Rita Lúquez Molinares fue asesinada dentro de su vivienda en el Reparto Sandino Sur, en Matagalpa. Por el crimen fue señalado su nieto, Elmer Isaac Flores Salgado, de 28 años, quien posteriormente fue detenido.

De acuerdo con reportes de medios locales, el joven habría llegado a la casa en busca de dinero u objetos de valor para comprar drogas y atacó a su abuela cuando ella se negó a entregárselos.

En horas de la madrugada, un familiar pasó frente al domicilio y observó que la puerta estaba entreabierta y al entrar encontró a la anciana tendida en el piso, con varias heridas en su cuerpo. 

Los cinco asesinatos ocurridos en 19 días dejan, además, una consecuencia que trasciende a las víctimas: hijos e hijas que quedan sin sus madres y familias que deben afrontar el duelo y el impacto de una muerte que pudo estar precedida por señales de riesgo.

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La Lupa Feminista