“Yo no me daba cuenta lo abandonadísima que estaba, porque funcionaba en automático. Era despertarme, bañarme, ir a cocinar, pasar ahí 10 horas, salir, ducharme, empijamarme, ver al niño, las cositas de la casa y repeat, volver a empezar”, resume una nicaragüense exiliada en Costa Rica.

Su voz resume uno de los principales hallazgos del informe Reconfiguración de los cuidados y experiencias de mujeres nicaragüenses 2020-2025, elaborado por el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam), que documenta cómo la crisis sociopolítica, la represión estatal y el exilio transformaron radicalmente la vida cotidiana de cientos de mujeres dentro y fuera de Nicaragua.

“Yo ni me peinaba, porque yo decía, aparte, debo tener el pelo metido en esa gorra de cocina. El abandono fue total y yo no me daba cuenta en esos momentos… eso es impresionante”, detalla la mujer nicaragüense que brindó su testimonio.

Además: Migración: Redes de cuidados en movimiento

Aunque muchas mujeres reconocen la importancia del descanso y la salud mental, el informe muestra que el autocuidado sigue siendo un derecho difícil de ejercer en contextos de precariedad.

Varias entrevistadas afirman que solo descansan cuando enferman, pero no porque “haya sido una elección”.

El estudio, realizado entre febrero y abril de 2026, recoge los testimonios de ocho mujeres cuidadoras, activistas, feministas y defensoras de derechos humanos, muchas de ellas exiliadas en Costa Rica.

La investigación plantea que los cuidados dejaron de verse únicamente como tareas domésticas y privadas, para entenderse como una parte central de la economía y de la sostenibilidad de la vida.

“La sobrecarga de los cuidados se ha incrementado y complejizado”, advierte el informe.

El peso invisible del cuidado

La investigación documenta que las mujeres continúan asumiendo de manera «desproporcionada» el trabajo doméstico, emocional y comunitario, incluso en condiciones extremas como el exilio o la migración forzada. ¿Qué pasa con las mujeres?

  • Muchas mujeres exiliadas sostienen solas hogares y tareas de cuidado, sin redes familiares ni apoyo estatal. “Aquí en Costa Rica estás sin tu familia, sin amigas… y sin red de cuido”, relata una de las entrevistadas.
  • El autocuidado aparece como un derecho constantemente postergado. “Para mí misma no tengo tiempo”, afirma Luz, una mujer miskita exiliada en Costa Rica.
  • La salud mental es una de las principales afectaciones. El informe documenta crisis de ansiedad, depresión, insomnio y estados permanentes de alerta entre las mujeres entrevistadas.
  • Las redes feministas y comunitarias fueron debilitadas por la represión estatal y el exilio forzado. El estudio señala que organizaciones, colectivas y espacios de cuidado fueron “desmantelados mediante la cancelación de personerías jurídicas y la criminalización de liderazgos femeninos”.

La investigación subraya que el cuerpo de las mujeres funciona como «espacio de absorción» de las crisis sociales y políticas. Cuando el Estado deja de garantizar condiciones mínimas de bienestar, son las mujeres quienes asumen el costo emocional, económico y físico de sostener a sus familias y comunidades.

Una de las entrevistadas resume esa realidad con crudeza: “Yo estoy para mis hijos todo el tiempo. Para mí misma no tengo tiempo”.

Exilio y ruptura de redes

Desde 2018, Nicaragua atraviesa una profundización de la represión política bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. El informe retoma datos que estiman que cerca de 600 mil personas abandonaron el país de manera forzada, mientras miles solicitaron refugio en Costa Rica y otros países de la región.

Ese desplazamiento tuvo un fuerte impacto en las dinámicas de cuidado.

Las mujeres entrevistadas describen jornadas agotadoras en las que deben combinar trabajo informal, maternidad, activismo político y apoyo económico a familiares que permanecen en Nicaragua.

Sigue leyendo: Corte-IDH reconoce el “derecho al cuidado” y visibiliza la carga histórica sobre las mujeres

“Ahorita estoy, como dicen, full siendo ama de casa, pero también estoy para la tierra, aquí rentamos una finca con otros campesinos. Y hay que estar pendiente de ese trabajo, de cuando se levantan las cosechas”, señala otro de los testimonios.

Muchas, sin embargo, viven sin acceso estable a empleo, vivienda o servicios de cuidado infantil.

Durante la presentación del informe, Maryórit Guevara, periodista y fundadora de La Lupa Feminista, señaló que las mujeres exiliadas “siguen sosteniendo económicamente a Nicaragua mediante las remesas, pero también sostienen emocionalmente a sus familias en la distancia”.

“Mientras muchas familias nicaragüenses —sobre todo las monomarentales— sobreviven sin lograr cubrir la canasta básica, vemos cómo la familia dictatorial Ortega-Murillo puede multiplicarse libremente hasta hablar de 31 nietos, en un país donde miles de familias viven entre el desempleo, el exilio y la precariedad”, cuestionó Guevara.

La carga de los “cuidados a distancia”

El estudio también documenta el dolor de los “cuidados a distancia”: mujeres que acompañan enfermedades, duelos o necesidades familiares únicamente mediante llamadas telefónicas y remesas.

“No pude siquiera estar para acompañar”, relata una participante sobre la muerte de familiares durante su exilio.

Uno de los aportes centrales del informe es reconocer que quienes sostienen la vida también defienden derechos humanos y construyen formas de resistencia frente a la violencia estatal.

Las investigadoras advierten que la criminalización de defensoras, feministas y lideresas buscó precisamente desmantelar las redes comunitarias que sostenían la vida colectiva.

El informe concluye que el cuidado debe entenderse como un derecho humano y no como una responsabilidad individual de las mujeres. Además, señala que tanto el Estado nicaragüense como los países de acogida mantienen deudas pendientes con las mujeres exiliadas y cuidadoras.

La investigación propone fortalecer redes feministas, ampliar políticas públicas de protección y reconocer el cuidado como parte central de la democracia y la sostenibilidad de la vida.

En medio del exilio, la precariedad y la represión, son las mujeres quienes continúan sosteniendo la vida cotidiana, muchas veces sin redes, sin descanso y sin apoyo estatal.

Perfil del autor
La Lupa Feminista