Las personas trans son unas de las poblaciones más vulnerables ante la crisis de empleo que enfrenta Nicaragua a raíz de la crisis sociopolítica y la pandemia de COVID-19, afirma Ludwika Vega, presidenta de la Asociación Nicaragüense de Transgéneras. Esto es debido a la discriminación que sufren por parte de las empresas, y por la falta de protección del Estado con una ley de identidad.

“Haciendo una visión panorámica del país y la situación sociopolítica, sabemos que el acceso laboral está complicado. Hay mucho desempleo para toda la población en general, pero es peor para las personas trans porque la sociedad tiene muchos prejuicios, estigmas y discriminación con nosotras, al igual que el Estado. Si bien puede existir la resolución magisterial que habla de políticas de no discriminación, en la práctica es otra cosa”, manifiesta la activista.

Solo en 2020 más de 43,000 personas perdieron sus empleos, según la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, y la actividad económica ha tenido una reducción del 8% entre el año 2017 y 2020. Es decir, tres años de retracción económica seguidos.

Por su parte, el Instituto Nacional de Información de Desarrolló señaló en su último informe de empleo que, el 69.5% de las personas nicaragüenses participa laboralmente, y el 44.6% se encuentra en el subempleo.

No obstante, en estos informes no especifican cuántas personas trans están en las estadísticas para poder dimensionar su situación, y esos datos no existen a nivel nacional, ni regional, advirtió Cristian Borge, coordinador de la Mesa Nacional LGBTIQ+ Nicaragua.

Empleo informal, única opción

Vega explica que, las personas trans tienen que recurrir al empleo informal para poder sustentarse ante esta situación, pero ni siquiera en la informalidad se escapan de la discriminación y la violencia.

“Muchas mujeres trans tienen que ejercer el trabajo informal en las calles vendiendo mango, cigarros u otras cosas, pero vendiendo ambulantemente. Otras compañeras son meseras, otras trabajan en los salones de belleza, o trabajan limpiando parabrisas. Otras compañeras andan bailando con las tradicionales gigantonas y muchas veces las ridiculizan, les hacen mofas y burlas”, manifiesta.

Asimismo, Borge aseveró que gran parte de los hombres trans ejercen la prostitución, debido a que es la única fuente de ingresos que encuentran, situación que también ocurre en las mujeres trans.

“Dentro de mi núcleo son como alrededor de 35 y hombres trans y he visto que tienen prácticas de trabajo sexual por necesidad. Generalmente son hombres heteros de la tercera edad que se les acercan a los hombres trans a ofrecer eso a cambio de dinero. Es algo que me da mucho dolor cuando lo compartimos, pero es parte de la realidad que estamos viviendo”, expresa.

El no poder acceder a un trabajo formal provoca que las personas trans no puedan cotizar, acceder a un seguro médico, ser indemnizadas, tener vacaciones, aguinaldo o liquidación, entre otros beneficios que no consiguen con el empleo informal, desarrolla Vega. A causa de esto muchas veces se ve afectada su calidad de vida.

Prejuicios, mayor enemigo

Las personas trans tienen dificultades para acceder a los empleos formales incluso cuando tienen títulos universitarios, advierte Brithany Low, quien es una mujer trans que se le imposibilitó encontrar trabajo como abogada debido a los prejuicios existentes.

Luego de haberse licenciado en derecho en la UNAN Managua, estuvo un año entero buscando empleo en su profesión. Sin embargo, fue rechazada en incontables ocasiones con diferentes excusas, a pesar que durante la carrera consiguió experiencia. Tuvo que aprender estilismo y trabajar de eso durante ese mismo año para poder subsistir. 

“Me decían que las mujeres trans no podían ser abogadas. Me quedaba viendo raro en las entrevistas y me hacían sentir muy mal. Una vez fui a una entrevista a un bufete y la secretaria se refería a mí como «un chico gay». Fue la mayor discriminación de mi vida y dije que ya no iba seguir buscando trabajo en eso”, relata.

Durante ese mismo tiempo consiguió trabajo en el área de telemarketing donde ascendió de puesto rápidamente gracias a su buen desempeño, y luego trabajó en el área de publicidad donde piensa seguir desarrollándose. Low asegura que su equipo de trabajo se sorprendía, ya que pensaba que una mujer trans no podía ser eficiente.

“Hay mucho estigma porque nos dicen que las personas trans somos informales, alcohólicas, drogadictas, que somos impuntuales, que no sabemos trabajar, etc. Pero esos son prejuicios porque la población en general puede ser así. Es importante deconstruir todos esos pensamientos para que haya más involucramiento de nosotras en nuevos espacios laborales y tengamos más oportunidades”, sostiene Vega.

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