Las presas políticas que estuvieron encarceladas en El Chipote encontraron una forma inesperada de resistir: utilizar los interrogatorios —uno de los principales mecanismos de tortura psicológica del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo— para hablar de democracia, derechos humanos y libertad con sus propios captores.

En medio del aislamiento, la vigilancia y la incertidumbre, las mujeres transformaron esos espacios de castigo en ejercicios de incidencia política y “alfabetización” democrática, según se desprende de Como las cigarras. Las nicaragüenses siguen cantando al sol, una investigación testimonial llevada a cabo por la excarcelada política Tamara Dávila y presentado el 26 de mayo de 2026 en Madrid.

«Yo creo que hubo un curso intensivo en El Chipote de democracia, justicia, Estado de derecho, de derechos humanos y yo creo que fue muy positivo para nosotros y para ellos», relata una de las excarceladas políticas que participó en la investigación, basada en los testimonios de trece mujeres perseguidas, encarceladas y desterradas por el régimen.

La investigación forma parte de una colección de estudios editados por el Colectivo WEAVE —fundado en 2021 y formado por un grupo de investigadores y activistas de Australia, India, Sudáfrica y Nicaragua— sobre las luchas de los movimientos de mujeres contra la violencia de género.

Dávila aseguró la absoluta confidencialidad de los relatos y/o respuestas, así como el anonimato de las participantes.

«Hicimos política adentro», aseguran

Como las cigarras. Las nicaragüenses siguen cantando al sol recoge los testimonios de lideresas sociales y defensoras de derechos humanos.

«Sus testimonios revelan la fuerza de la resistencia de las mujeres frente a la violencia estatal y patriarcal, evidenciando el costo personal, familiar y político de su lucha», señala la investigación.

Puedes leer: Tamara Dávila inicia huelga de hambre para ver a su hija

Al menos ocho de las 13 mujeres excarceladas políticas que participaron en la investigación confirmaron haber hecho acciones específicas para “alfabetizar” a sus interrogadores o custodios en El Chipote. Aprovechaban para abordar temas vinculados a la oposición y a la situación antiderechos y antidemocracia del régimen Ortega Murillo.

«Hicimos política adentro —agrega—, porque hablábamos de política, hablamos de elecciones en el periodo electoral, hablamos de derechos humanos en los interrogatorios, hablamos de qué pasa cuando se viola la ley, qué pasa cuando no hay democracia, qué sucede en el país cuando no hay Estado de derecho».

Captura de la investigación Como las cigarras. Las nicaragüenses siguen cantando al sol.

«Yo tenía mucho cuidado, (…) sí podía hablar con las que pude ir teniendo más confianza, pues hablando de la situación en general, pero sin hacer alusión a personas ni a procesos, ni actividades, organizaciones, ni nada, sino más como análisis», dijo otra de las excarceladas políticas.

Resistir en El Chipote

Desde 2018, los nicaragüenses viven una profunda crisis política y de derechos humanos, marcada por la represión estatal ejercida por el régimen de Ortega y Murillo. Un total de 1491 personas han sido reconocidas presas políticas.

Las entrevistadas, según la investigación, pusieron en práctica distintos mecanismos para
«encarar el encierro, la soledad, la incertidumbre y la violencia sufrida en la cárcel».

«En esas condiciones, nunca he estado más conectada con la vida que durante esos 20 meses que estuve presa (…) un rayo de sol, una arañita caminando o tejiendo su madeja, un pajarito cantando, el aire que entra en la celda, las pequeñas cosas que realmente son importantes para vivir», relata una de las entrevistadas.

También: Presa política Suyen Barahona recibe premio de derechos humanos

Las trece mujeres entrevistadas «vivieron con dolor y, en algunos casos, mucha culpa, el estar lejos de sus núcleos familiares».

«A pesar de todo ese sufrimiento, yo creo que la gran cosa en esto es que mi familia es capaz de entender que no es culpa mía, que todo lo que está pasando es culpa del régimen y han seguido firmes en su apoyo a mi activismo y a mi involucramiento, pero hemos sufrido enormemente las consecuencias», señala una de las excarceladas políticas.

Presas políticas y participación política

La participación política de las mujeres entrevistadas fue una «decisión consciente y motivada por las injusticias o desigualdades que vivieron u observaron en sus entornos más cercanos».

Diez de ellas se involucraron de forma visible y activa en organizaciones de sociedad civil o en espacios políticos partidarios desde antes de las protestas de 2018, y tres iniciaron su participación en ese momento.

«¿Qué me impulsó? El deseo de construir una sociedad más justa y saber que yo podía hacer la diferencia para eso en los espacios en donde estuviera. Yo tenía ese poder desde donde contribuir», puntualiza una de las entrevistadas.

Todas —sin excepción— contaron el «impacto directo y traumático» de su paso por la prisión: destierro, desnacionalización, confiscaciones y las violencias vividas por ellas y sus familiares.

Perfil del autor
La Lupa Feminista