Femicida de Marelyn Dayana González se suicida y evita la justicia

La Policía orteguista localizó en estado agónico a Henry Sequeira Soza, de 26 años, señalado como el principal sospechoso del femicidio de Marelyn Dayana González Centeno, de 19 años, crimen ocurrido el 28 de abril en Sébaco, municipio de Matagalpa. El hombre fue encontrado entre la vida y la muerte en el sector de Poza Azul, comunidad La Labranza, y posteriormente fue trasladado al hospital de Matagalpa, donde falleció horas después.
De acuerdo con reportes preliminares, Sequeira habría ingerido veneno tras cometer el crimen, en un aparente intento por quitarse la vida y evadir la justicia. Su muerte cierra la posibilidad de un proceso judicial, pero no borra la violencia extrema ejercida contra Marelyn, una joven de apenas 19 años que forma parte de la dolorosa lista de víctimas de femicidio en Nicaragua.
Marelyn Dayana González Centeno fue asesinada la mañana del lunes en Sébaco, en circunstancias que causaron consternación entre familiares, amistades y habitantes de la zona.
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La joven, originaria de Potrero Redondo, se desplazaba por un camino de la comunidad Molino Sur. Iba a traer a dos niños para luego acompañarlos hacia su centro escolar de educación preescolar.
Sin embargo fue sorprendida por su agresor quien le propinó cinco cuchilladas en su cuerpo. Su caso ha generado indignación y nuevamente ha puesto en evidencia la persistente violencia machista que sigue cobrando la vida de mujeres jóvenes en el país.
Con el asesinato de Marelyn, ya son siete las mujeres asesinadas en lo que va del año en Nicaragua, según registros de Contradata, un monitor de la violencia de género en el país.
Cada caso representa no solo una tragedia familiar, sino también el reflejo de un sistema que sigue fallando en la prevención, protección y acceso a justicia para las mujeres.
Aunque las autoridades no han brindado mayores detalles oficiales sobre el caso, versiones extraoficiales indican que el sujeto habría ingerido una sustancia tóxica poco después de cometer el crimen.
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En varios casos de femicidio, los agresores optan por suicidarse o intentar hacerlo como una última expresión de control y violencia, evitando enfrentar las consecuencias legales de sus actos.
Desde una perspectiva de género, especialistas advierten que estos actos no deben interpretarse como arrepentimiento, sino como parte de una lógica de posesión y dominación sobre la vida de las mujeres.
El femicidio no es un hecho aislado ni un crimen pasional: es la forma más extrema de violencia machista.
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