La desigualdad social que prevalece en Nicaragua se ha vuelto de tal magnitud que conspira contra la armonĂa social, el medio ambiente, la seguridad y el desarrollo del paĂs.
Los cambios importantes sĂłlo han ocurrido en las esferas de los de arriba, las vidas de los de abajo siguen sin importar a los poderosos.
Esta creciente desigualdad no es sostenible y la forma de atacarla, la llave maestra, es: el empleo, el trabajo digno, bien pagado, productivo, con derecho y protecciĂłn social.
El fenómeno del trabajo infantil tiene su origen en la desigualdad, la pobreza y la miseria que orillan a las familias a mandar a trabajar a sus miembros más jóvenes, asà como en las diversas formas de violencia intrafamiliar que obligan a los menores a ganarse la vida por su cuenta.
La discrepancia entre el volumen de servicios prestados y los exiguos resultados de salud tiene varias explicaciones de orden socioeconĂłmico y polĂtico, pero influye, de manera muy importante, el sistema pĂşblico deficiente y disfuncional con repercusiones directas en los sectores más vulnerables.
Estamos inmersos en la alucinante y descomunal corrupciĂłn del gobierno Ortega-Murillo que perdiĂł hasta la más mĂnima traza de honestidad, en la llamada mafia del poder.
Todo lo anterior, son obstáculos efectivos a los servicios de salud y se traducen en inequidades y desigualdades sociales.
La igualdad social debiera ser el horizonte de la agenda de paĂs de aquĂ al 2030. Es hacia donde debemos ir porque el estilo de desarrollo dominante, autoritario y despĂłtico, no es sostenible.
La igualdad tiene que estar en el centro de la futura polĂtica econĂłmica de un gobierno progresista, porque lo que ha aumentado es la disparidad, la desigualdad entre el que más tiene y el que menos tiene; la desigualdad de ingreso, en la distribuciĂłn de la riqueza, en oportunidades y el acceso a bienes pĂşblicos.
En el futuro se tiene que implementar la lĂłgica de cero corrupciones, de cero amiguismos, de cero nepotismos; eliminar todas esas lacras de la cultura polĂtica nacional.
Para luchar efectivamente contra la desigualdad es necesario cerrar las fugas impositivas del gran capital y llevar el caso a debate nacional.
El paĂs necesita una redistribuciĂłn del ingreso y de la riqueza, sobre todo de la ganancia.
Debate nacional que nos permita consensuar una soluciĂłn al desbalance actual, tanto en la distribuciĂłn del ingreso, la desigualdad social, el acceso a la salud, el tipo de educaciĂłn, como en la apropiaciĂłn de la riqueza.
Por lo tanto, el gobierno progresista tiene que tener como objetivos prioritarios: mejorar la equidad, reducir la desigualdad social y la pobreza.
Es decir, estar a favor en un punto nodal: no imponer salarios de pobreza como mecanismo de la productividad empresarial y las abultadas utilidades para el capital.
Si algo deberĂamos aprender de estas horas de lucha e indignaciĂłn es que, sin una organizaciĂłn sociopolĂtica de los ciudadanos, las adversidades se volverán tragedia permanente y recurrente, de las que nadie estará exento.
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