Alrededor de 518 mujeres han cometido suicidio en la última década en Nicaragua, según los registros de la Policía, los cuales no han dejado de aumentar. Mientras que en el 2010 se registraron 31 casos de mujeres que se suicidaron, una década después se registraron más del doble con 71 casos.

Si bien las razones del suicidio son multicausales, algunos factores que pueden propiciar esta decisión en las mujeres son las discriminaciones, exclusiones y aislamiento debido a la violencia machista, el embarazo en la adolescencia y el mayor cuidado de menores de edad debido a la migración, explica una socióloga que trabaja en una iniciativa de prevención del suicidio en la Isla de Ometepe, y que por seguridad está en el anonimato.

Por su parte, la psicóloga Ana Manzanares señala que dentro de su experiencia, los casos de suicidios son individuales y las razones varían según la historia de vida de cada mujer, pero un patrón común son los antecedentes de abuso sexual y los trastornos mentales.

Los registros de suicidios son mayormente cometidos por hombres, esto es debido a que los hombres tienen más prevalencia en el suicidio consumado, en cambio, en las mujeres predominan la ideación suicida, los intentos de suicidio y la depresión, añade Manzanares.

“Muchas mujeres tienen depresión, pero tiene una causa social meramente. Es lo que se nos permite socialmente a las mujeres, se nos permite expresar la tristeza”, expresa la psicóloga.

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Violencia, principal razón

La mayoría de los suicidios son cometidos por adultas jóvenes entre los 18 y 25 años, según la Policía, mientras que en los hombres las edades comprenden entre los 26 y 45 años edad. Manzanares explica que esto tiene que ver debido al grado de violencia que viven las mujeres jóvenes y adolescentes.

“Las adolescentes tienden a los intentos de suicidio por la falta de acceso a los sistemas, el bajo nivel socioeconómico y el alto grado de violencia que están viviendo. No es el mismo grado de violencia que vive una adolescente o una mujer joven, a diferencia de una mujer adulta que es mayor. La violencia deja las mismas secuelas, pero no todas tenemos los mismos recursos”, manifiesta Manzanares.

Por otro lado, la socióloga desarrolla que el proceso de aislamiento a la que son sometidas las mujeres cuando viven violencia es uno de los factores que les dificulta pedir ayuda, y al contrario, facilita que consumen el suicidio.

“Si la mujer vive violencia por parte de la pareja, obviamente ella está en un proceso de aislamiento. Así es cómo puede aguantar la violencia. Si ella estuviera acuerpada, no la toleraría porque sabría que tiene una red de apoyo. Sin embargo, cuando se aísla, va quedando fuera de las dinámicas de las redes de apoyo. Piensa que ese sufrimiento solo ella lo vive y que solo ella está mal. Ella siente culpa y dolor. Las creencias de que vive violencia porque le gusta también la aíslan”, expone la socióloga.

Zona rural invisibilizada

La socióloga junto con un equipo interdisciplinario crearon una iniciativa de prevención del suicidio en la Isla de Ometepe, luego de que marzo de este año tres mujeres se suicidaron en una misma semana en la zona del Volcán Maderas, Altagracia. Estos altos índices de suicidios también se registraron durante el año 2012 y 2019, según la experta.

Después de la capacitación y la creación de un protocolo para la atención de estos casos, el equipo da charlas en escuelas secundarias y ha hecho reuniones en las comunidades con el objetivo de poner el tema en la agenda pública, ya que las personas prefieren no hablar del suicidio con la creencia de que así solo se incentiva más, explica.

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Asimismo, trabajan con las familias afectadas para trabajar el duelo y la culpa, y tienen un consultorio público donde cualquier persona puede llegar y dar un aporte si así lo desea.

Para la socióloga cada suicidio es una muerte evitable y a diferencia de lo que se cree popularmente, hay múltiples casos de suicidio en la zona rural, pero están invisibilizados debido a que no hay un observatorio que refleje de manera diferenciada cuántos suicidios hay en las comunidades rurales.

A su vez, Manzanares añade que en las zonas rurales la expresión emocional es diferente, ya que a las personas se les enseña a no manifestar sus emociones, sentimientos y preocupaciones, lo que podría ser un factor de los suicidios.

Prevención del suicidio

Para prevenir los suicidios hay que fortalecer los factores protectores, explica la socióloga, los cuales son aquellos que mantienen a las personas con conexión a la vida. 

“Las redes de apoyo nos protegen. Hay que identificar a las personas, las comunidades, organizaciones e instituciones que nos pueden brindar apoyo y que les podemos pedir ayuda. Hay que fortalecer la unidad familiar, apoyarnos, aún cuando alguien esté haciendo algo que no me gusta. Tener acceso a servicios profesionales es un factor protector”, desarrolla.

Adicionalmente, Manzanares recomienda escuchar atentamente a la persona en riesgo y preguntarle de qué manera tiene pensado cometer el suicidio, para que esta manera se puedan alejar los objetos peligrosos.

“A la gente le da mucho miedo porque piensan que le van a dar ideas a las personas, pero es una manera de prevenir para quitar de su alcance esos objetos. Si me dice que tiene pensado quitarse la vida con las pastillas que toma su mamá para la diabetes, entonces, alerto a la mamá para que aleje esas pastillas de su hijo”, exhorta.

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