Aunque la depresión es un tema de salud pública, sigue siendo una enfermedad en la que existen diferentes estigmas a su alrededor. Esto dificulta que las personas con esta enfermedad y las familias afectadas acepten pasar por un proceso psicoterapéutico. Debido a esto, es importante hablar e informar sobre la salud mental para combatir los mitos existentes, indica la psicóloga y especialista en experiencia somática y terapia corporal, Zayda Treminio.

Treminio, quien además tiene su propio consultorio en Estelí, explica en esta entrevista las definiciones de la depresión, sus posibles causas y el mejor tratamiento para esta enfermedad.

Urge hablar del tema

¿Qué es la depresión?

La depresión es un estado que acontece a nivel emocional. Tiene que ver con un estado anímico bajo y son episodios caracterizados por una fuerte carga efectiva. Esta carga afectiva limita las diferentes áreas donde se mueve la persona: área social, familiar, educativa, dependiendo de todo ese entorno donde esté. Estos episodios pueden varias de tiempo. Pueden ser unos días o semanas y hay depresiones mayores que duran meses, incluso años.

¿Entonces hay distintos tipos de depresión?

Hay depresiones mayores y leves. Hay trastornos bipolares que son también estados depresivos y hay trastornos ciclotímicos, una forma leve del trastorno bipolar. Existen ciertas características que definen el tipo de depresión según el estado de la persona y el tiempo que tienen. Así se determina si es un cuadro leve, moderado o grave. Hay depresiones psicóticas o fomentadas por medicamentos que se tienen que tomar por alguna enfermedad médica.

También hay depresiones posparto. Debido a todo el refuerzo social que hay entorno a la maternidad impuesta, muchas mujeres caen en estado de depresión después de dar a luz. No solo por factores hormonales, sino también por toda esa imposición y sentirse limitadas para desarrollarse como mujeres en una etapa que es bastante exigida por la sociedad. Es un tema que no habla, ni se aborda en ningún momento. Es algo que pasa desapercibido completamente, pero afecta más de lo que las personas creen.

¿Cuáles podrían ser las causas para que una persona tenga depresión?

Puede ser cuando las personas tienen algún evento de pérdida, ya sea pérdida de un familiar o de un elemento físico. Ese tipo de pérdida genera estados depresivos, pero las causas específicas tienen que ver desde nuestra niñez, así como del entorno familiar. Si ese entorno es un entorno limitando donde hay violencia intrafamiliar, violencia estructural o violencia social porque rige la pobreza, limitaciones de recursos o de estudios, es un factor latente para que posteriormente se genere esa falta de conexión con la vida.

Estos episodios de estados anímicos bajos limitan la conexión con la vida. Vos ves que la vida es muy dura y no sentís gusto en vivirla.

También podría ser cuando los niños y niñas viven abuso sexual o cuando nuestra familia no fomenta nuestra autoestima. El hecho de no fomentar a los niños y adolescentes una autoestima donde crean en sus propias capacidades, genera estadillos depresivos. También las pérdidas laborales y las personas no tienen trabajo, así como vivir en lugares donde hay alcoholismo o abandonos familiares.

Todo tiene que ver con cómo yo me enfrento a estos hechos. La persona que tiene depresión pierde esas herramientas resilientes que le ayudan a resignificar estos eventos traumáticos, que de una u otra manera, todas las personas nos enfrentamos a situaciones difíciles, pero la perspectiva con la que se vive es muy diferente comparada con la de una persona que cae en estados depresivos y de desconexión.

¿Cómo es la mejor manera para tratar el suicidio?

Se tiene que tratar a la persona con un proceso psicoterapéutico que le ayude a transitar y descubrir cuáles son esas capacidades y habilidades que ella tiene para conectarse con la vida. El proceso psicoterapéutico es esa inyección de vitaminas que la persona necesita, es ese tanque de oxígeno y para que así se conecte con la vitalidad.

La persona tiene que trabajar esos pensamientos de inutilidad, de falta de conexión, y reconocer cuáles son esas emociones de ese pasado para cuestionar las creencias que sostiene sobre sí misma. Si la persona tiene el pensamiento de que no sirve, eso le genera una tristeza profunda, culpa y enojo, por ende, piensa que no debería vivir. Debe cuestionar ese pensamiento, esa emoción y esa creencia para cortar ese círculo vicioso.

La persona también necesita que poco a poco logre conectarse con las sensaciones corporales. Cuando esto suceda y comience a sentirse, despierta una conexión con la vida. Las personas que pasan por cuadros depresivos deben tener un grupo de apoyo, ya sean familiares, amigos o amigos o de otra índole para que le permiten hablar y ser escuchadas. Es necesario que se sienta acuerpada.

Y el proceso de psicoterapia debe ser llevado paso por paso para poder superarlo. En algunos casos se necesita de tratamiento médico y debe ser valorado, ya que las depresiones mayores vienen acompañadas de ideas recurrentes de suicidio o de muerte, y muchas veces estas ideas no ceden tan fácilmente.

¿Cómo afecta a las familias cuando alguien de su núcleo comete suicidio?

A las familias les afecta sentirse culpables porque no hicieron algo antes o porque no lo percibieron, ya que dentro de sus dinámicas estructurales no percibieron elementos que transcurrieron con las personas que estaban deprimidas. Esto pasa especialmente con los adolescentes. Las familias los ven normales, pero sí acontecen cosas en sus pensamientos y en sus sentires.

Esa carga emocional y esa culpa muchas veces no es trabajada porque la familia no busca ayuda psicológica. Si hacemos una investigación sobre las familias que van a terapia luego de que alguien comete suicidio, son muy pocas. Esto tiene que ver con que a nivel social tampoco se ofrece un apoyo emocional.

También tiene que ver con que es una muerte que no estás esperando. Al ser una muerte inesperada, les impide cerrar el ciclo del duelo por pérdida.

Además, hay un estigma social porque en las comunidades te escudriñan y comentan, lo que daña a la familia. Lo otro es que hay un estigma religioso, porque si familia es religiosa cae sobre ellos y ellas las creencias de que las personas que se suicidan no van al cielo, que no pueden hacerle una misa o cualquier rito de despida que se hace cuando alguien muere naturalmente.

Debido a todo esto se vuelve un duelo más complejo porque lleva una carga sobre-emocional y social. Igualmente, desde la parte estructural de la familia se vuelve un secreto que por generaciones se va ocultando, muchas veces por dolor y otras veces por los estigmas.

¿Qué se pude hacer para luchar contra esos estigmas que hay alrededor del suicidio?

El tema del suicidio como se trata de un tema de salud pública debería de abordarse desde el Estado porque es una obligación, y el Ministerio de Salud debería de colaborarles a estas familias. Somos personas de redes. La misma sociedad debería ser solidaria sobre estos temas y brindar acompañamiento, ya sea a través de conversaciones profesionales con trabajadores sociales y psicólogos.

Al final la personal que comete suicidio, era una persona que tenía problemas emocionales. El trasfondo de los estigmas no solo tiene que ver con un elemento religioso o cultural, sino algo estructural.

Debería de tomarse como un tema de salud pública para que se sensibilice a la población, hacer campañas sobre el tema del suicidio, acompañar a las escuelas y también acompañar a las familias. Asimismo, si las estructuras religiosas hablaran sobre estos temas y acompañaran a las personas creyentes, se rompería ese ciclo.

La intervención del suicidio tiene que ser desde un enfoque sistémico. Desde la persona que busca la ayuda y el acompañamiento psicológica y así derrumbar esas barreras de acceso a la salud mental, hasta la familia para que abra a la atención psicológica y a las diferentes alternativas que pueden tener. También desde el Estado y las organizaciones como una manera de sostener a la sociedad en los temas de salud mental.

Entre más vayamos abordando este tema y lo vayamos haciendo menos pesado, va a ser cada vez más factible tratar a estas personas y no va a ser más parte del trauma.

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La Lupa es un medio con perspectiva de género y derechos humanos que surgió en mayo de 2019.