Partos Rotos, el primer proyecto investigativo sobre violencia obstétrica en Cuba, es lanzado por nuestras colegas aliadas en la defensa de los derechos de las mujeres, Isabel Echemendía, Claudia Padrón, Darcy Borrero y otras dos periodistas residentes en Cuba cuya identidad protegen por motivos de seguridad.  

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El especial recopila información sobre más de 500 partos ocurridos en el país, y analiza cómo y por qué ocurre una de las formas más comunes de violencia de género que viven las madres cubanas. Además de describir las experiencias de las mujeres, también cuenta con el análisis de expertas, feministas y profesionales de la Salud que exponen esta realidad silenciosa que ocurre en los hospitales del país.

“Las mujeres describieron un sistema donde las prácticas más comunes de violencia obstétrica están extendidas. Muchas veces el personal sanitario atropella los tiempos del parto, aplicando técnicas agresivas que se están limitando en otros países, o maltrata, infantiliza o chantajea a las mujeres. Muchas mujeres dijeron haber sido ignoradas cuando pidieron información, ayuda o alivio para el dolor. Prácticas que ahora son comunes en otros países como permitir a las mujeres estar acompañadas, caminar durante el trabajo de parto o sostener a sus bebés tras el nacimiento, no son comunes en el país”, expresan las periodistas.

Infografía: Partos Rotos

El proyecto investigativo cuenta con reportajes, visualizaciones de datos, testimonios de mujeres e historias ilustradas que se pueden consultar en la web partoscuba.info.

Una violencia común pero invisibilizada

Eva Margarita García, doctora en Antropología, define la violencia obstétrica como la violencia ejercida por parte del personal sanitario sobre los cuerpos de las mujeres y su vida reproductiva mediante un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y una patologización de los procesos fisiológicos.

El cuestionario realizado a 514 mujeres para estudiar esta violencia, refleja que en Cuba, las mujeres son sometidas rutinariamente a prácticas y a políticas que son violencia física y de género. Un 41% de las mujeres afirmó haber sufrido violencia verbal o psicológica, y un 80% dijo no haber sido informada sobre su estado de salud durante el alumbramiento.

En el proceso, las mujeres son concebidas como cuerpos sin autonomía y sin derecho a decidir nada, y no reciben información sobre su estado o los procedimientos que les van a realizar; tampoco pueden elegir en qué posición parir ni se les permite caminar; y existe un uso  indiscriminado de la episiotomía, un corte en el perineo que facilita el parto, pero que es doloroso para las mujeres.

Dibujo: Mary Ester Lemus. Historieta de Partos Rotos.

Entre las prácticas también se encuentran maniobras que son desaconsejadas por la OMS, la negación de algas y negación del contacto con sus hijo/a recién nacido/a.

“No me informaron o pidieron consentimiento para ningún procedimiento: sueros, medicamentos, dilatación manual, espéculos… Solo me decían : ‘Niña coopera’”, relata una madre que dio a luz en el Hospital Materno Infantil Manuel Piti Fajardo. Otras dos mujeres que dieron a luz en Camagüey y La Habana agregan: “En ocasiones preguntaba o llamaba a las enfermeras y no me contestaban. No levantaban ni la mirada para verte a los ojos”; “En el momento del parto le tomé la mano a un doctor y me la rechazó con desdén y asco”.

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En Cuba, las mujeres son obligadas a parir en un sistema de salud que prioriza las necesidades del personal médico y el nacimiento de bebés vivos pero ignora el bienestar, deseos y opiniones de las madres.

“En el parto no solo duelen las contracciones. También los malos tratos o la falta de empatía que las mujeres reciben de un sistema de salud que tiende a ignorar sus necesidades durante un momento en el que son vulnerables. Durante décadas, muchas cubanas han vivido sus partos como un evento contradictorio, feliz por la nueva vida que llega, pero traumático por la atención médica que recibieron”, señala la investigación.

Una violencia global contra las mujeres

La violencia obstétrica es una violencia que no es ejercida únicamente en Cuba, al contrario, esta práctica se trata de un fenómeno global relacionado  con el machismo y la cultura patriarcal que atraviesa los sistemas de salud. No obstante, en Cuba y Latinoamérica existen circunstancias que contribuyen a que sea un problema más agudo.

Entre ellos se encuentran los estereotipos machistas. Ocho personas médicas especialistas, señalan que persisten estereotipos de género en el sistema médico que influyen sobre el trato que reciben las mujeres en el parto. También se observa una tendencia a ver a las mujeres en el parto como personas ignorantes y/o que deben ser pasivas.

«La expectativa de que las mujeres deben obedecer indicaciones médicas sin protestar es común en el personal de salud. Esta idea está tan arraigada que las propias mujeres han aprendido a recomendarse entre sí que es mejor “colaborar” o “portarse bien” —expresiones mencionadas de manera recurrente en los cuestionarios— para evitar empeorar el maltrato», exponen.

Sin embargo, las mujeres tienen derecho a recibir un parto humanizado que respete su dignidad y privacidad; a recibir apoyo en el alivio y control del dolor; a recibir información sobre su estado de salud y opciones; y a ser consultadas ante cada procedimiento médico que se les quiera aplicar.

Para consultar esta información y conocer cuáles son los derechos de las mujeres en el parto puedes visitar el siguiente link partoscuba.info.

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