El dos de junio, Alyeri Yolaneysis García López fue víctima de femicidio a manos de su expareja, Alcides Jarquín Ordoñez, de 44 años, en Waslala en la Costa Caribe. Con este hecho, Nicaragua reporta 35 femicidios y 45 en grado de frustración en 2020, un incremento que preocupa a las organizaciones de mujeres ante un problema social en el que el Estado es ausente.

El autor del femicidio, quien huyó de la escena del crimen, fue encontrado, horas después, desangrándose hasta morir. Un hecho que es calificado como una expresión máxima de violencia e impunidad al haber cometido femidicio seguido de suicidio. La justicia por el crimen no se pagará.

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Los motivos en una carta

«Yo le juré a su mamá que si hacía lo que me hizo (dejarlo) eso sería el fin y lo buscó (…) bella (refiriéndose a su hija) nunca te cases y aconsejá a tus hermanos a no tomar el camino que tomamos tu mamá y yo (…)» dice la carta firmada por «un estúpido idiota como me dijo Alyeri, un monstruo, adiós”, dirigida a los tres hijos que procreó con Alyeri, la víctima.

Juanita Jiménez, abogada, feminista e integrante del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), quien leyó y realizó un análisis general del contenido del escrito, Alcides Jarquín Ordóñez resume en esa misiva sus pensamientos, sus valores y trata de justificar las razones por las que despojó de la vida a su expareja sin tomar su responsabilidad en el hecho, en cambio, dice fue «por las decisiones que ella tomó» al «dejarlo».

«Él cita frases que se supone ella le dijo, pero en el fondo lo que está es justificando y culpabilizándola. Por eso yo señalo que la carta misma es el resultado de esa construcción que se hace de los hombres y que les da ese poder de decidir sobre la vida de la mujer, es consecuencia del machismo”, puntualiza.

Jiménez, alerta sobre el daño que este hecho causa en la familia de Alyeri, pero también del femicida. “Tenés ahí dos muertes, la de la mujer, la saña con la que fue privada de la vida y el suicidio (…) al final los hijos, la familia, los que sobreviven a esta tragedia van a cargar con ese estigma, va a ser muy difícil enfrentar todo lo que tenga que ver con el trauma, es fundamental el acompañamiento a los hijos para ayudarles a superar los hechos, la carta y vencer la mentalidad machista”, resalta.

Hace un llamado a no proyectar el contenido de la carta con morbo o con intenciones amarillistas, “la carta entiendo que ya fue viralizada, pero el punto aquí no es destacar los antivalores ahí visibles sino apostar a la prevención de este tipo de actos, de crímenes, que no solamente se da en el campo, que no solo le ocurren a mujeres iletradas, sino en todos los sectores sociales”, expresa.

Matar y suicidarse: impunidad y cobardía

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Según Martha Flores de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), se reportan en lo que va del 2020 cuatro casos de femicidios seguidos de suicidio.  «Nosotras recientemente tuvimos un debate y analizamos esta situación junto con el Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), concluimos en que este acto es cobarde, sí, y también es parte del machismo», señala Flores.

A la vez explica que, en ese sentido, “considerándose el femicidio seguido de suicidio una reacción brutal del machismo”, por lo que alerta de la necesidad de «empezar a trabajar desde ya en formar una cultura de prevención».

«Las mujeres deben comunicar y ser escuchadas cuando estén en peligro, aún cuando parezca que viven tranquilas… el Estado debe garantizar lo que dice la ley, que es prevenir la violencia, pero se hace de la vista gorda desde hace años».

Flores además hace hincapié en que cuando un femicida se quita la vida está ofreciendo un mensaje a la sociedad y a las autoridades: “él se siente un macho…  que logró su propósito  – si no es mía no es de nadie – pero también se siente tan macho, que está convencido de que nadie podrá hacerle pagar su crimen, ni siquiera la ley, por eso se quita la vida, aliviado de que el objeto de su control (la mujer) está silenciado… tan retorcido es el machismo que enfrentamos hoy día”, manifiesta.

“El que agrede una vez lo hará siempre»

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Para el sociólogo Bismarck Siero, desde su área de estudio no existe un vocablo que conceptualice lo que está ocurriendo con los agresores que cometen femicidio y luego se suicidan, sin embargo, él le llama a este comportamiento, machismo radical.

«A la primera agresión verbal o física que viva una mujer debe denunciar… el que agrede una vez lo hará siempre, no hay que callar, no deben tener miedo, comuniquen lo que están viviendo, hay tantas organizaciones que apoyan hoy día, acudan a ellas… a veces hacerlo a tiempo salva”, finaliza.

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