Más allá de saber si hay envidia o no en la actitud de exponer, en redes sociales, a una colega periodista que debutaba en un programa de alto ranking y en el que, aparentemente, solo machos predominan. La utilización del – los y las – no es ni un delito ni mucho menos atenta contra la RAE y sobretodo visibiliza a esa otra gran mayoría que el machismo (provenga de un gay o heterosexual) se esmera en erradicar: las mujeres.

Para comenzar déjenme aclararles que no, no fue la compañera, primera dama y vicepresidenta, Rosario Murillo, quién puso de moda el lenguaje no sexista. ¡Por favor! No demos vergüenza con ese argumento. En realidad ‘La Chamucona’ ha cometido graves delitos contra la escritura (y contra el pueblo de Nicaragua) al utilizar en todas sus comunicaciones una cantidad increíble de mayúsculas y en sitios donde no corresponde.

En realidad los estudios inician en 1990, año en que ‘La Chamucona’ y Ortega lloraban la pérdida de las elecciones frente a la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro (toda historia se repite). Aunque en 1973 el artículo «El lenguaje y el lugar de la mujer” de la lingüista norteamericana Robin Lakoff aparecido en la revista Signs, «planteó por primera vez una reflexión académica en torno a la relación de hombres y mujeres con el lenguaje y sus usos».

La parte seria del post

El lenguaje no sexista ha sido una lucha eterna del movimiento de mujeres (feminista o no) que «implica que el hecho de que las mujeres no tengan una representación simbólica en la lengua contribuye a su invisibilización». Por eso, no me vengan con la gran chorrera de baba que al decir «los nicaragüenses», nosotras debemos sentirnos incluidas, si así fuera entonces solo digamos: las nicaragüenses.

El lenguaje no sexista es el que «no oculta, no subordina, no infravalora, no excluye» a las mujeres.

Ejemplo básico nivel ábaco: Busquemos la palabra zorra y zorro en la RAE (esa que tanto invocamos aunque escribamos – ola k ase – ). Tiene una cantidad de definiciones, pero las que nos interesan son zorra: prostituta y zorro: hombre muy taimado y astuto. No es lo mismo que te llamen puta porque socialmente te denigra a que te digan que sos un hombre astuto. De hecho si te dicen astuta es que sos una ‘maje dañina’.

El lenguaje no es algo innato, natural ni biológico, es cultural, social, se aprende. Es un producto social cargado de estereotipos, prejuicios y buenos sentimientos. Refleja de dónde venís, como pensás y a qué sistema servís.

Lo que no se nombra no existe

El otro día estábamos en una fiesta familiar cuando el payaso dijo: «que vengan todos los niños». Mis dos sobrinas, las más grande, pero aún muy niñas, se quedaron sentadas. Alguien les preguntó: «y ustedes ¿no van a ir?». Muy inteligentes mis sobrinas (que salieron a la tía) dijeron: «solo llamó a los niños».

La lección es así de fácil: lo que no se nombra no existe o se excluye, y aplica tanto para las mujeres como también puede aplicar para la diversidad sexual. O me van a decir que ¿es lo mismo ser gay que ser heterosexual? Y me refiero a la exclusión, invisibilización y falta de reconocimiento del sistema para con las personas LGBTIQ.

Y para quienes aducen que es por cuestión de espacio y/o estética, pues fácilmente pueden buscar términos que nos incluyan a hombres y mujeres. ¡Siiiiiii existen! Otro ejemplo nivel ábaco: En lugar de referirse a la historia como la ‘evolución del hombre’ podemos hablar de la ‘evolución de la humanidad’.

De que se puede se puede solo es cuestión de despojarse del machismo.

Este artículo fue originalmente publicado en El blog de tu madre.

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Periodista especializada en género y derechos humanos.
Es fundadora y directora de www.lalupa.press
Activista feminista en El blog de tu madre.