Nicaragua ha intentado enfrentar la pandemia del COVID-19, según publicaciones de medios oficiales, con un modelo similar al de Suecia, bajo la lógica de la inmunidad de rebaño que supone el contagio de un sector de la población para servir de ‘cortafuego’ frente al resto, por lo que se toma el mínimo de medidas para evitar la propagación, en especial para no enviar a sus ciudadanos a una cuarentena.

Sin embargo, expertos consideran que hay una «diferencia abismal» entre Nicaragua y Suecia, que el régimen orteguista olvidó o prefirió no considerar, provocando que el país se encuentre en un vertiginoso ascenso de fallecidos por COVID-19.

1. Indicadores de salud

El epidemiólogo, Álvaro Ramírez explica que antes de decidir asumir un modelo para enfrentar una pandemia se debe valorar los indicadores que tiene el país en cuanto a su sistema de salud que considera en Nicaragua no se tomó en cuenta al intentar asemejarse a Suecia.

Suecia es un país con más de 10 millones de habitantes; tiene una esperanza de vida mayor a los 80 años, y destina actualmente el 11 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) en salud, es decir, unos 43.240,7 millones de euros, que según un informe publicado a finales de 2019 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) está entre los países que más destinan recursos al sector de la salud como porcentaje del PIB.

En contraste, Nicaragua es un país con más de 6 millones de personas, sus habitantes tienen una esperanza de vida de entre 70 y 75 años y apenas destinó para 2020 un total de 16,022 millones de córdobas para el Ministerio de Salud (MINSA), un porcentaje mucho menor que el destinado en recursos a la Policía Sandinista de 3,836.2 millones en 2020, es decir 112.8 millones de dólares.

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2. Capacidad de atención

Este tipo de indicadores, según Ramírez, debieron ser considerados, pues para enviar a la población a contagiarse en espera de desarrollar inmunidad de rebaño se debe contar con una sustentada capacidad de atención una vez que estén contagiados.

«La lógica para aplicar inmunidad de rebaño debió partir de la capacidad del sistema de salud, probarlo con indicadores hospitalarios como el número de camas, de especialistas y personal entrenado para responder a la pandemia y luego de eso el trabajo de educación masiva, educación comunitaria para establecer la necesidad de prevención y que el nivel de educación de la gente también va a ayudar a que la gente comprenda la gravedad del asunto y tome las medidas necesarias», afirmó el epidemiólogo.

Nicaragua ni siquiera se asemeja a Suecia en número de camas por cada 1000 habitantes, pues el Gobierno sueco cuenta con 2,34 camas por cada mil habitantes y Nicaragua tiene apenas 0.9.

Ramírez rescató que aunque el modelo sueco se veía prometedor, pues no se detenían las actividades económicas, la realidad es que las muertes se dispararon porque se desprotegió a los ancianos, uno de los grupos más vulnerables, y ese elemento les complicó sus resultados. 

3. Vulnerabilidad de la población

El epidemiólogo señaló que en el caso de Nicaragua la situación es peor, pues los fallecimientos no son solo en mayores de 60 años como pasa con el modelo que han venido diciendo que están siguiendo de Suecia, sino que se dan en edades de entre 40 y 60 años.

Es por ello que, el especialista advirtió que la tasa de letalidad podría aumentar mucho más en el caso de Nicaragua, pues no se cuentan con los mismos niveles de educación o de equipos de protección para dar atención a todas las personas a las que se está exponiendo al contagio.

«No se considerado la letalidad del COVID-19 lo cual puede provocar un crecimiento exponencial, la vulnerabilidad del pueblo nicaragüense tampoco fue tomada en cuenta», lamentó Ramírez.

A su vez criticó que en Nicaragua, además de no hacer nada por contener la propagación, se promueven las aglomeraciones con docenas de actividades que se impulsan desde el régimen Ortega-Murillo.

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Hasta la fecha en Nicaragua, según los datos del Ministerio de Salud (Minsa), existen 279 casos positivos a COVID-19, 17 fallecieron, 199 se han recuperado y el resto están activos. Mientras que Suecia, donde se ha reportado a la fecha 32,172 casos confirmados de COVID-19 y 3,871 muertes, siendo el modelo a seguir de Nicaragua es lamentablemente uno de los países con uno de los más altos promedios de letalidad con el 6.08 de muertes por cada millón de habitantes, lo cual según los expertos pone bajo la lupa su modelo de cero distanciamiento social y la falta de toma de muestras masivas.

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