La presentación del libro Tribunal de conciencia: La violencia sexual como crimen de lesa humanidad bajo el régimen Ortega-Murillo. Nicaragua 2018, realizado por la Fundación Arias, fue presentado este 30 de agosto y contiene tres relatos inspirados en los testimonios de las víctimas, cuatro peritajes relacionados y la resolución emitida por el Tribunal, describe Suzanne Fischel, presidenta de la junta directiva de la Fundación.

Dicho libro sería la finalización del trabajo del Tribunal, el cual recopiló 18 testimonios de víctimas de violencia sexual perpetrada por policias y paramilitares durante las detenciones arbitrarias en 2018. Y en su sentencia publicada en 2020, estableció que la tortura sexual fue parte de un plan sistemático de autoridades del Estado y corresponde a crímenes de lesa humanidad.

Asimismo, Fischel expresa que con la publicación se espera que en un futuro se pueda abrir un proceso judicial contra las personas responsables de estos delitos, y que las víctimas consigan justicia y un proceso de reparación. El libro será publicado en físico y en PDF, para que esté al alcance del público.

Foto cortesía: Fundación Arias

Violencia sexual como arma de tortura

La activista y defensora de derechos humanos, Bianca Jagger, explica que las torturas sexuales fueron realizadas indistintamente a las personas presas políticas, lo cual reveló un proceso de organización y de elección de las personas que están en el poder, mediante órdenes específicas.

“Cientos de nicaragüenses fueron capturados y asaltados sexualmente por sus captores. No respetaron sexo, ni edad. No respetaban si eran mujeres embarazadas, incluso niños y niñas. Era una jaula desenfrenada que desató el terror en cárceles oficiales y clandestinas”, expresa.

Adicionalmente, las torturas sexuales fueron generalizadas y cometidas en todos los departamentos del país donde ocurrieron levantamiento y protestas, lo que muestra el uso de esta violencia como castigo.

La voz de un sobreviviente

Marcos Novoa, un exreo político torturado en una cárcel clandestina por paramilitares orteguistas en 2018 contó su testimonio, durante la presentación del libro, para inspirar a más sobrevivientes a denunciar.

“Me tocó bien difícil, pero yo tenía algo en mi corazón. Yo tenía que hablar de lo que verdaderamente pasó en esa prisión. Yo sé que hay muchas víctimas que todavía no han contado su historia, que están por ahí escondidas y no quieren hablar porque es una degradación a la humanidad. Eso me destruyó bastante como hombre”, relata.

Después de denunciar las torturas en la OEA y en las Naciones Unidas, Novoa cuenta que vivió constantes amenazas y burlas, situación que también ocurrió con otros sobrevivientes según la sentencia del Tribunal.

Para Novoa es importante hablar sobre las primeras personas presas políticas, ya que ellas no están siendo priorizadas y probablemente también estén siendo torturadas, asegura.

“Hay personas que están en las mazmorras. Yo que he estado metido ahí sé cómo se siente estar en un cuarto oscuro y sin ropa, desnudo. Las paredes huelen a sangre. El olor de esas prisiones es olor a metal y te están torturando diariamente. Hay días en que no veía el sol. Hay que hablar más de los presos políticos”, manifiesta.

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