El 23 de mayo de 2019, Nicaragua realizó su cuarto, y aparentemente, último paro nacional, una forma de protesta que se utilizó para demandar la libertad de los presos políticos, pero también, para exigir el cumplimiento de los acuerdos alcanzados en la mesa de negociación entre la Alianza Cívica, quien se presentó como interlocutora del pueblo, y los representantes del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Y aunque el 11 de junio, se liberó a una lista considerable de presos políticos, más de la mitad de los acuerdos alcanzados entre ambas partes, y que tenían como fecha tope el 18 de junio de 2019, nunca se cumplieron. De hecho, se volvió a engrosar la lista de presos políticos, y se ha incrementado la violación a los derechos y garantías ciudadanas, según han denunciado organismos de derechos humanos.

Por lo que muchos consideran que la única salida a la crisis política, es la realización de un paro nacional indefinido, una propuesta que se ha convertido en un ‘aparente tranque’ que miembros de la Alianza Cívica han llegado, incluso, a calificar de ‘populista’, y que pone en tela de duda la credibilidad del sector empresarial, con respecto a su compromiso con la insurreción popular.

“La Alianza no es bien vista por el pueblo porque no ha respondido a sus demandas. No es incorporando a personas que levantará su credibilidad. La decisión de Yubrank de unirse a la Alianza fue personal, yo la respeto, él es mi amigo. Y si en el futuro la Alianza se va a unir con la gran coalición que se formará y no estoy hablando para elecciones, estoy hablando de las acciones en la calle y hacer una buena oposición, la Alianza tendrá que limpiar su imagen con las acciones que estén acorde al clamor del pueblo”, explica Cristian Fajardo, exreo político y líder de Masaya.

Ortega cuando se reunía con los empresarios para anunciar sus alianzas económicas.

Fajardo considera que la Alianza Cívica, ha perdido credibilidad ante la «falta de una agenda en común con los demás sectores sociales», por ser una organización, que a su parecer, esta «controlada por el sector empresarial, el gran capital», a quienes llamó a «escuchar el clamor popular» de un paro indefinido.

“Perdimos una gran oportunidad de irnos al paro y no habló de ahorita, sino cuando teníamos los tranques en abril de 2018. Si se hubiera dado en ese entonces no estuviéramos en esta situación. Hoy la correlación de fuerzas se ha emparejado, Ortega tiene tomó oxígeno en este tiempo, sin embargo el paro es efectivo sumado con las protestas, desobediencia civil, que ha sido efectivo en otros países. El paro es muy importante para darle un tiro de gracia a la dictadura”, dice.

JUSTIFICADO TEMOR A REPRESALIAS

Aunque en junio, julio y septiembre de 2018 se realizaron paros nacionales de 24 horas, fue hasta en mayo de 2019, cuando las represalias del régimen Ortega-Murillo contra los negocios que se unieron al paro, se hicieron notorias.

Allanamientos, despojos de concesiones y permisos de operaciones para bares, farmacias, gasolineras, tramos de mercados fueron algunas de las consecuencias, para quienes hicieron uso de su derecho a la protesta, tal como lo habían advertido, previo al paro, funcionarios del régimen orteguista.

«Los empresarios tienen un miedo real de que las empresas cerradas sean allanadas, incendiadas, robadas. Tal como ya pasó y la dictadura se los dejó demostrado. Y eso convierte a la extinta Alianza en un tranque en sí mismo para la insurreción popular. La naturaleza del sector privado es antagónica a las luchas populares», dice el activista Yaser Morazán, uno de los principales demandante de acciones cívicas contundentes.

El sector empresarial, desde el Cosejo Superior de la Empresa Privada, liderado por José Adán Aguerri, también representante de la Alianza Cívica en la Mesa de Negociación frente al régimen de Ortega-Murillo, mantuvo durante doce años una alianza en la que celebraron «grandes oportunidades de negocios que permitió y fomentó la inversión privada, incluida la de la familia gobernante».

“La Alianza quiere jugar un doble papel. A nivel internacional querer aparentar que son los que representan los intereses del pueblo de Nicaragua, pero a nivel interno solo velan por sus intereses. Pienso que simplemente solo están haciendo tiempo hasta que llegue el 2021”, dice María Pérez, egresada de la Facultad de Medicina de la UNAN-Managua, y atrincherada en el ataque a la Divina Misericordia.

En 2017 durante una reunión del grupo AMCHAM.
EL PARO NACIONAL DEBILITA A LA DICTADURA

Y aunque ahora ninguno de los sectores incluidos en la llamada Alianza Cívica, estudiantes, sociedad civil y empresarios ven con buenos ojos un paro nacional, analistas como Oscar René Vargas tampoco descartan su efectividad y rememoran el gran paro nacional del cinco de junio de 1979, considerado un paso importante, previo a la victoria de la insurrección popular frente a la dictadura de Somoza.

«El poder fáctico del exterior son los organismos internacionales, y estos van a actuar en la medida que los poderes fácticos internos del país ponen en jaque mate a Ortega. No podemos esperar que la presión total venga solo de afuera, y prueba de ello es Venezuela. Juan Guaidó fue reconocido en la OEA, pero Maduro sigue gobernado. Son los poderes fácticos internos lo que deben hacer presión mayor, donde el elemento crucial es el paro nacional, y eso lo aprendimos en 1979 para derrocar a Somoza, no solo fue la lucha armada, la sociedad civil agobió a la dictadura de esa época”, afirmó.

Para Vargas la dictadura Ortega-Murillo se ha sostenido por la debilidad de la oposición, en este caso señala a la empresa privada que aduce «se ha resistido para debilitar al régimen», a pesar que los otros sectores como la sociedad civil y la iglesia están mayoritariamente en contra de Ortega.

«El gobierno se sostiene por la debilidad de los otros, como el poder fáctico que es el gran capital, quienes no quieren dar ningún paso para terminar de debilitar al gobierno, porque el otro poder fáctico que es la sociedad civil y la iglesia la tienen en contra. El punto de equilibrio por la cual se puede romper el equilibrio del gobierno, es si vamos a un paro nacional”, explica.

PARO MÁS TOMA DE CALLES

La lider estudiantil Zayda Hernández quien formó parte de los estudiantes que participaron en el primer diálogo en mayo de 2018, se le ha visto, recientemente, sola protestanto, y siendo reprimida, en las calles y centros comerciales, al haber sido excluida de la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN).

«El Paro Nacional por sí solo no va a funcionar se requiere de una serie de actividades en conjunto. Para un verdadero cambio democrático todos los sectores deben asumir su responsabilidad y demostrar de qué lado están. Los que estamos en contra de esta dictadura decimos que ellos pidan el paro y nosotros nos tomamos las calles», propone Zayda.

*Fotos tomadas de Internet. La foto principal es del fotógrafo Carlos Herrera de COnfidencial.

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La Lupa Nicaragua