El colectivo de periodistas y comunicadoras feministas Las Exiliadas, han presentado en España con el acompañamiento de Reporteros Sin Fronteras (RSF), el informe 20 años del desmantelamiento de la libertad de prensa en Nicaragua: De la censura selectiva al cierre sistemático de medios independientes.

Un documento cronológico que evidencia cómo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo “ha intentado, de forma sistemática, planificada y sostenida durante dos décadas, despojar a Nicaragua de su voz” mediante la persecución selectiva y sistemática del periodismo y la prensa independiente.

Tras casi dos décadas en el poder, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha aplicado una estrategia sostenida de aniquilación del periodismo independiente. 

La actividad se ha realizado en la sede de la Asociación de Prensa de Madrid, y ha contado con los comentarios del periodista, Carlos Fernando Chamorro director de Confidencial.

Cuatro fases de la represión

El informe identifica 4 fases de la represión que iniciaron en 2006 cuando Daniel Ortega retornó al poder en Nicaragua.

Entre 2006 y 2010, cuando se instaló el control del discurso y se empezó a estigmatizar a la prensa independiente. 

Entre 2011 y 2017, cuando se dio la cooptación institucional. El poder político fue ocupando espacios clave: reguladores, frecuencias, publicidad estatal, estructuras judiciales. 

A partir de 2018 y 2020, en el marco de la cobertura de la represión contra las manifestaciones cívicas, la persecución dejó de ser sutil. La violencia contra el periodismo se volvió abierta.

Y la fase actual (2021 – 2026) que se caracteriza por el cierre total del espacio cívico. La criminalización del periodismo. El exilio masivo. 

El balance es demoledor: decenas de periodistas en prisión, al menos 61 medios han sido cerrados o confiscados, más de 309 periodistas han sido forzados al exilio y el 65% del territorio nacional carece de información independiente, configurando amplias zonas de silencio. Al menos 22 periodistas han sido despojados de su nacionalidad, en una política destinada a expulsar definitivamente cualquier voz crítica.

“Salir del país no es solo cruzar una frontera. Es perder redes, ingresos, estabilidad, identidad territorial, estatus. Es rehacer la vida mientras intentamos seguir informando sobre un país al que no podemos volver”, ha dicho la periodista Maryórit Guevara, directora de La Lupa Feminista e integrante de Las Exiliadas durante la presentación del informe.

El impacto diferenciado contra las mujeres

El informe insiste en algo que suele quedar invisibilizado: la violencia diferenciada contra las mujeres periodistas. Las agresiones no son solo políticas. También son sexuales, simbólicas y digitales. Hay campañas de difamación con sesgo de género, ataques a la reputación vinculados a la vida personal, amenazas específicas que buscan disciplinarnos desde el miedo.

Ocho de cada diez mujeres periodistas nicaragüenses atendidas en programas de acompañamiento psicosocial reportaron haber sufrido violencia sexual como parte de la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, indica el informe.

Estas agresiones han adquirido características específicas que responden a patrones de violencia de género. A partir de 2018, sin embargo, este patrón se “intensificó y se volvió más explícito”. 

La persecución incorporó otras formas violencia diferenciadas, entre las que se incluyen: ataques sexualizados, campañas de difamación basadas en la vida personal, amenazas de violencia sexual, hostigamiento dirigido a hijas e hijos, el uso de la maternidad como mecanismo de intimidación. 

Una historia de resistencia en dignidad

El informe destaca la resistencia del periodismo independiente de Nicaragua que, muy a pesar de la persecución, las amenazas digitales, del exilio, de la desnacionalización, de la precarización continúa sosteniendo el flujo de información en condiciones extremas y funcionando como uno de los pocos contrapesos frente a la propaganda estatal.

“Hoy el periodismo en Nicaragua no es solo un trabajo. Es una forma de resistencia sostenida porque este informe no sólo documenta la represión sino también la dignidad de quienes, a pesar de la censura, seguimos escribiendo. De quienes, a pesar del exilio, seguimos informando. De quienes, a pesar del miedo, seguimos nombrando lo que ocurre”, expresó Guevara.

Al menos, 26 plataformas digitales informan desde el exilio para Nicaragua, principalmente desde Costa Rica, Estados Unidos y España. Es decir, este ecosistema mediático ha reconfigurado el ejercicio del periodismo nicaragüense hacia una “lógica transnacional, resiliente y colaborativa”.

Además, se apoyan con periodistas dentro del país —muchas veces en anonimato absoluto— colaboran con equipos en el exilio mediante canales cifrados, protocolos de compartimentación de información y flujos editoriales remotos.

“El ataque a la prensa no fue un daño colateral, sino un objetivo estratégico para eliminar el escrutinio público y la memoria histórica”, concluye el informe.

Las Exiliadas en el informe instan a la comunidad internacional a ejercer presión diplomática, hacer uso de los mecanismos de rendición de cuentas y de protección a las víctimas, 

Los Estados receptores no solo deben implementar políticas públicas específicas para periodistas en riesgo —que incluyan protección legal, acceso a estatus migratorio seguro, atención psicosocial y condiciones para el ejercicio profesional—, sino que se requiere garantizar el derecho efectivo a seguir informando sin represalias ni precarización. 

En el caso de las mujeres las estrategias deben integrar medidas diferenciadas que garanticen su seguridad, autonomía económica y bienestar, así como el de sus familias, evitando su invisibilización dentro de las respuestas generales. 

Perfil del autor
La Lupa Feminista

Medio crítico feminista que informa sobre Nicaragua bajo dictadura.