Como vocera absoluta de la estructura estatal, la primera dama dedicó el enlace telefónico que todos los medios días hace a través de los medios oficialistas, para reafirmar su política represiva contra la oposición, pero también para llamar a sus bases a “luchar contra caminos oscuros”.

Con una sencilla metáfora, Rosario Murillo expuso este jueves la política de odio y cero tolerancia del régimen ante la más mínima expresión de la oposición que demanda el restablecimiento de las libertades, un proceso democrático que devuelva al pueblo el derecho a designar el poder y una recomposición total del aparato estatal que ofrezca garantías, por ejemplo, para emprender la búsqueda de justicia por los más de 300 asesinatos cometidos a partir de abril y por los que son señalados policías y civiles armados leales a Daniel Ortega.

Como vocera absoluta de la estructura estatal, la mujer de Daniel Ortega dedicó el enlace telefónico que todos los medios días hace a través de los medios oficialistas, para reafirmar su política represiva contra la oposición, pero también para llamar a sus bases a “luchar contra esos caminos oscuros, son negros, fíjense”, les orientó y volvió a verter su desprecio llamándolos insectos, plagas y comejenes.

“Todos sabemos que las edificaciones, las casas, todo eso lo levantamos, ponemos las primeras piedras, y ponemos las piedras fundacionales de todas las edificaciones. ¿Y qué pasa? De repente descubrimos en las paredes, nidos de comején. Y ese comején quiere meterse, quiere destruir, quiere botar nuestros edificios. ¡Pero no lo permitimos!”, comenzó diciendo la funcionaria.  

En esta primera parte de la metáfora de “El comején y el edificio de la paz”, Murillo desacredita a quienes desde el 18 de abril de 2018 la denuncian de cometer graves violaciones a los derechos humanos que se registran en Nicaragua, recurriendo a la teoría del fallido intento de golpe de Estado que el régimen insiste en repetir, pese a que organismos internacionales han obtenido amplia evidencia de que lo que ocurrió en Nicaragua fue una manifestación civil espontánea a la que el dictadura reaccionó con fuerza letal.

Tras año y medio de crisis, el régimen Ortega-Murillo se enfrenta al riesgo de la aplicación de la Carta Democrática y a la imposición de sanciones de la Unión Europea (UE), derivadas de acciones para visibilizar el progresivo deterioro de las libertades y derechos fundamentales en el país.

La segunda al mando del régimen sostuvo que “siempre sabemos cómo combatir eficazmente las plagas, los insectos, los comejenes, y no permitir que destruyan lo que construimos con tan buen corazón” y entonces llamó a sus bases a ser parte de su política represora: “¿Y qué es lo que  hacemos? ¡Unirnos! ¿Qué es lo que hacemos? Trabajar en la familia para luchar contra esos caminos que son oscuros, son negros, fíjense… Pero no negro de piel. Porque la negritud es sublime en términos de la raza, orgullosa de nuestros pueblos africanos, nuestros de humanidad. ¡No! Hablo de la oscuridad, de esos caminos oscuros, esos caminos de comején que muestran como que quieren carcomer, destruir y botar”.

Con esto último Murillo revela que aunque están conscientes del punto crítico en que se encuentra el régimen no están dispuestos a negociar;  y se encomendó a Dios: “Pero bueno, aquí en Nicaragua con la fe que nos da Dios nuestro Señor, que crece todos los días, que son alas para volar, para construir con fundaciones firmes el edificio de la paz, de la convivencia armoniosa, del trabajo, la prosperidad, en nuestra Nicaragua, vamos adelante, con mucha confianza en cada paso que damos, en el nombre poderoso de Jesús”.


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