Menstruar tiene un costo… y no es opcional.

Cada mes, mujeres, adolescentes, niñas y personas menstruantes en Nicaragua deben destinar parte de sus ingresos a productos de higiene menstrual.

No es una elección, no es un lujo y no se puede posponer: es una necesidad básica vinculada a la salud, la dignidad y el ejercicio de derechos.

En Nicaragua, ese costo ha aumentado más de un 70% en los últimos siete años. El punto de quiebre fue 2019, cuando entró en vigencia una reforma fiscal que comenzó a gravar las toallas sanitarias con un 15% de impuesto, un producto que antes no lo tenía.

En ese momento, una bolsa de 10 unidades costaba en promedio 17.64 córdobas, según datos del Instituto Nacional de Información y Desarrollo (INIDE). Con base en el consumo estimado de 2.21 bolsas al mes, una persona menstruante gastaba alrededor de 38.98 córdobas mensuales.

Ese gasto representaba aproximadamente el 0.59% del salario mínimo promedio de 6,663 córdobas en 2019. En términos anuales, significaba 467.76 córdobas: cerca del 7% de sus ingresos.

Aunque el porcentaje mensual parecía bajo, el impacto acumulado no lo era. Ese mismo año, además, no hubo ajustes al salario mínimo, por lo que este gasto adicional se asumió sin un aumento en los ingresos.

Alza sostenida durante siete años

Para febrero de 2026, siete años después, la misma bolsa de 10 unidades alcanza los 30.10 córdobas. Esto eleva el gasto mensual a unos 66.52 córdobas por persona menstruante.

En 2026, con un salario mínimo promedio de 9,312 córdobas, este gasto representa ahora cerca del 0.71% de los ingresos mensuales. En un año, equivale a 798.24 córdobas: casi tres días de trabajo.

El aumento no ha sido repentino, sino constante. Un análisis de La Lupa Feminista muestra que el precio de las toallas sanitarias ha crecido de forma progresiva, acumulando un alza de 70.6% desde 2019.

Dos meses después de la reforma, en abril de ese año, el precio ya había subido a 20.24 córdobas. Desde entonces, la tendencia no se ha revertido.

En 2020, los precios se movieron entre 20.67 y 21.92 córdobas. Para 2021 y 2022, se registró uno de los mayores incrementos: de 23.26 a 26.46 córdobas en un solo año.

Durante 2023, el precio se mantuvo elevado, oscilando entre 26.46 y 28.11 córdobas. En 2024, aunque hubo leves descensos en algunos meses, la tendencia al alza continuó y cerró el año en 29.06 córdobas.

En 2025, el precio superó los 30 córdobas en algunos momentos. Aunque hubo una leve baja hacia finales del año, esta fue temporal.

Para febrero de 2026, el precio volvió a subir a 30.10 córdobas, confirmando que el encarecimiento se mantiene.

Costos oficiales no se acercan a los reales

Los promedios oficiales no siempre reflejan el gasto real.

En la práctica, una bolsa de toallas sanitarias puede costar hasta 42 córdobas, lo que eleva el gasto mensual por encima de los 90 córdobas.

“Yo gasto entre 90 y 100 córdobas al mes”, cuenta Massiel, una estudiante de 21 años, y agrega que “las toallas sanitarias no deberían tener impuestos. No es un gusto, es algo necesario para vivir”.

Este aumento ocurre en paralelo al encarecimiento general de la vida. La canasta básica pasó de 13,414 córdobas en 2019 a más de 21,000 en 2026, un aumento del 57.8%.

Pero el precio de las toallas sanitarias ha crecido más rápido: 70.6% en el mismo período.

Esto significa que menstruar no solo cuesta más. Pesa más dentro del presupuesto. El impacto va más allá del bolsillo porque también afecta los derechos de las personas menstruantes.

En Nicaragua, alrededor de 2.5 millones de personas menstruantes están en edad reproductiva, según datos del Banco Central de Nicaragua de 2024, sin embargo para muchas, acceder a productos menstruales adecuados no está garantizado.

ONU Mujeres define como “pobreza menstrual”, la “incapacidad de niñas, mujeres y personas menstruantes para adquirir y acceder a productos menstruales, servicios de saneamiento e higiene, educación sobre salud menstrual y gestión de residuos”.

Una persona que menstrúa desde los 15 años hasta los 50 años pasará aproximadamente 35 años utilizando productos de higiene menstrual, es decir, unos 420 meses.

Tomando como referencia el gasto mensual de 66.52 en febrero de 2026, se podría llegar a gastar alrededor de 27,938.40 córdobas a lo largo de su vida.

Es un gasto constante, acumulativo y, muchas veces, invisibilizado aunque menstruar no es una elección, pero hoy, vivirla con dignidad en Nicaragua sigue dependiendo del ingreso.

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La Lupa Feminista