Por Erika Valencia

Me resulta interesante la aproximación a la fiesta desde la visión ritual que entraña. En este pueblo español de Villanueva de la Vera todos los años por carnaval durante cuatro días, se representa un juicio para juzgar a uno de nombre PeroPalo. Muchos del pueblo están a favor y otros en contra, se le acusa de altas fechorías, se le pasea tres veces cada día al son de los tambores y los versos, se le aplican algunos oficios inquisitoriales y finalmente es muerto en la hoguera. Así, esta fiesta cumple una función ritual que posibilita la unión de un pueblo entero para representar, escenificar un suceso lleno de códigos teatrales que purifiquen espiritualmente la comunidad. Algo así como dónde poner tó lo malo para que tó pase y trasmutarlo con el fuego. O como un chivo expiatorio, un ser que ha pagado por las culpas de otra persona o grupo, librándoles de represalias desde la gracia que da el carnaval. Y aunque no desarrolle dichas ideas en este escrito, aquí van impresiones:

A pesar de los pesares/Se ha de tocar el tambor/Que en Llerena se ha vencido/ A la Santa Inquisición. Es uno de los cantares de esta fiesta tradicional extremeña, La Vera una comarca con encanto. Las primeras pulsiones que quedan después de vivir una fiesta así, son variopintas, pero una cosa si es segura, este martes de carnaval 1 de marzo del 2022 me dio un regalo apoteósico; no sólo porque fue el día de mi santo, sino, porque se movieron fibras muy sensibles que hicieron cuestionarse a todo el pueblo sobre cómo mantener, en este siglo veintiuno, los rituales antiguos.

Me interesé con gran entusiasmo por participar en mi primer PeroPalo en Villanueva de la Vera, eso de fundirme con el pueblo como una verata más, me resultó fascinante. Y al ser nacida en Colombia, me despertó mayor interés. Al principio pensé que necesitaría alguien que me introdujera en la fiesta, pero al haber conocido un poco por lecturas y audiovisuales, quise entrometerme lo que más pude en el grupo que llevaba de aquí para allá al jefe de la fiesta, el tan querido y controvertido PeroPalo.

Y para eso me propuse seguir a los tamborileros, los caminantes de los paseos, los Peropaleros. No imaginé que a las 6 de la mañana hubiera tanto público que les acompañara y presenciara la continuación del ritual. Estuve ahí para ver que antes incluso ya se estaban preparando, y con ellos, siempre personas que acompañaban las marchas en los paseos.

Me sorprendió con admiración el talante y la puntualidad de los Peropaleros al sostener en grupo lo que pesa una tradición, ante la mirada de todo un pueblo y viéndoselas con uno que otro poseído por la embriaguez de Baco. Parecía que esa energía que producían al cumplir el ritual fuera una especie de embriaguez espiritual que todos y todas sentíamos, donde se pudiera intuir qué es lo que se siente estar en una hermandad. Un pueblo que camina al mismo ritmo, que se comunica con redobles y cantos. Quienes les íbamos acompañando participábamos de una unión estrecha. Casi como meditaciones al golpe de tambores que a veces retumbaban en ciertas calles del pueblo y parecía que murmuraban por si solos mantras que contenían mensajes indescifrables. Lo cierto, es que cuando te concentras en los paseos, hay mensajes profundos.

Otro de los grandes sostenedores del ritual popular en la fiesta del PeroPalo fueron los músicos de las rondas, que también día y noche nos ofrecieron sus voces y destrezas, sus versos y guitarras, las casas que se abren de par en par para aceptar a todas las personas curiosas que aparecíamos cada noche alegrándonos de poder bailar jotas y disfrutar de generosas viandas, porque después de acostar al PeroPalo, la fiesta seguía. Hay tantos detalles y pequeñas dramaturgias día tras día en esta fiesta, que un año no da tiempo de comprenderlo todo; ni tampoco este escrito alcanza para explicarlo ¡hay que vivirlo!

Finalmente llega el fuego con su capacidad de purificar todo lo que allí pasó durante cuatro días, el PeroPalo es quemado y el pueblo entero habla de la necesaria importancia de mantener el ritual y la tradición, sabiendo apreciar el presente que obliga a adaptarse a los nuevos tiempos. Unos tiempos con guerra en Europa, donde más nos vale que nos respetemos en igualdad de condiciones, donde no haya necesidad de guerrear, porque siempre habrá guerra si no se sueltan privilegios y sigue habiendo desigualdades entre hombres y mujeres. Mientras que no cambie la esencia de la fiesta del PeroPalo en pleno siglo veintiuno, más vale no guerrear guerras perdidas… Vamos a seguir recuperándonos de la resaca que algunos todavía nos queda! El próximo año nos vemos en la fiesta veratos y veratas, que seguro tendrá grandes sorpresas y novedades… Y ojito, que en carnavales ¡tó pasa!

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