La represión que financia el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo con recursos del Estado también tiene un impacto específico sobre mujeres y personas LGBTIQ+, según el más reciente informe del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

“Las medidas adoptadas por el Estado han tenido por objeto silenciar las voces de las mujeres y las personas LGBTIQ+, desmantelar las redes dirigidas por feministas y disuadir la participación política de las mujeres y las personas LGBTIQ+”, revela el informe.

El documento señala que la persecución política en Nicaragua no solo busca silenciar la disidencia en general, sino que la represión también tiene una “dimensión de género”.

Desde 2018 —agrega el informe publicado el 10 de marzo de 2026 en Ginebra— las mujeres y las personas LGBTIQ+ que son opositoras o percibidas como tales por la dictadura “han sido objeto de violencia sexual y de género y de represión”.

Esta estrategia, según expertos de la ONU, forma parte de un intento deliberado de neutralizar a actores que históricamente han tenido capacidad de movilización social y liderazgo político en el país.

“Los patrones de violencia de género forman parte de una estrategia represiva intencional con el propósito específico de castigar a las mujeres y a los movimientos feministas por su liderazgo de larga data como actores políticos autónomos, incluido su liderazgo desde la organización comunitaria, estudiantil y campesina, así como por su demanda de justicia social e igualdad”, mencionó Ariela Peralta, integrante del Grupo de Expertos, en conferencia de prensa tras la presentación del informe.

Violencia sexual y de género

De acuerdo con el documento, las mujeres y las personas LGBTIQ+ que participan en actividades políticas o son percibidas como opositoras han enfrentado formas de violencia sexual y de género tanto en espacios públicos como dentro de centros de detención.

Entre las prácticas documentadas se incluyen violaciones, amenazas de violación, desnudez forzada e insultos basados en el género, utilizados por policías, funcionarios penitenciarios y grupos progubernamentales para castigar la participación en protestas y desalentar cualquier forma de oposición.

“Ese comportamiento reflejaba normas y estereotipos de género arraigados que no solo sirven para castigar a las personas por su posición política, como lo hemos sostenido, sino también para disciplinarlas por sus cuerpos o por las identidades que han elegido y presentarlas como transgresoras”, apuntó Peralta.

El informe también detalla que muchas mujeres líderes de protestas, periodistas y defensoras de derechos humanos fueron detenidas arbitrariamente durante las distintas fases de represión desde 2018.

“En los centros de privación de libertad, especialmente en comisarías y prisiones, muchas fueron víctimas de violencia sexual y de género, así como de un régimen de aislamiento prolongado, privación de libertad en régimen de incomunicación y desaparición forzada”, detalla el documento.

Las líderes políticas, subraya, fueron objeto de ataques de manera desproporcionada. “Las autoridades también restringieron el contacto que podían tener con sus familias e hijos, lo que intensificó el daño, habida cuenta del papel de cuidadoras asignado socialmente a las mujeres”, añade el informe.

Humillaciones sexuales a personas LGBTIQ+

Las personas LGBTIQ+ tampoco han escapado a la persecución. Según expertos de la ONU, en los centros de detención funcionarios han recurrido a humillaciones de carácter sexual y abusos verbales dirigidos contra su identidad de género u orientación sexual.

Estas prácticas incluyen “insultos degradantes para estigmatizarlas y deshumanizarlas, lo que contribuía a agravar su exclusión y aumentar su temor”.

Además, el informe indica que la represión también se ha extendido a familiares de opositores.

En algunos casos, mujeres vinculadas a activistas o personas presas políticas han sido sometidas a registros invasivos durante visitas a cárceles o han enfrentado intimidaciones y violencia de género.

Defensoras indígenas viven riesgos adicionales

En regiones como el Caribe nicaragüense, las defensoras indígenas y afrodescendientes enfrentan “riesgos agravados debido a su papel en la defensa de los derechos colectivos de sus comunidades”, lo que las expone a detenciones arbitrarias, desplazamientos forzados y mayor vulnerabilidad frente a agresiones sexuales.

“Estos impactos se agravaron por las desigualdades estructurales persistentes, limitaciones en el acceso a la información y factores como la etnia, la lengua o la falta de medios de protección”, añadió Peralta.

El informe concluye que estos actos forman parte de una política sistemática de persecución que, en algunos casos, podría constituir crímenes de lesa humanidad, incluida la persecución política con una dimensión de género.

Los expertos sostienen que estas prácticas buscan “silenciar cualquier forma de disidencia”.

“Mucho antes de 2018, la visibilidad y la capacidad de movilización de las mujeres ya las habían convertido en blanco frecuente de la represión estatal”, concluyen.

Régimen financió la represión con dinero del Estado

El informe también advierte que la maquinaria represiva del Estado se sostiene mediante recursos públicos y estructuras institucionales que permiten financiar actividades de vigilancia, persecución y control político.

Según el GHREN, estas estructuras han sido utilizadas para coordinar redes de inteligencia, monitorear a opositores dentro y fuera del país y sostener campañas de intimidación que afectan tanto a activistas como a periodistas, mujeres líderes y personas LGBTIQ+.

En este contexto, el uso de fondos estatales para estas operaciones amplía el alcance de la represión y consolida un sistema destinado a mantener el control político mediante el miedo y la persecución.

“Nuestro informe muestra que la corrupción puede ser una herramienta de violencia estatal; es decir, no solo un mecanismo de enriquecimiento personal”, puntualizó Jan-Michael Simon, presidente del Grupo de Expertos.

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La Lupa Feminista