Las mujeres nicaragüenses refugiadas en San José, Costa Rica sufrieron más de 25 casos de violencia policial y xenofobia, mientras marchaban el pasado 25 de noviembre, Día Internacional Contra la Violencia hacia las Mujeres, denunció la colectiva Volcánicas junto con otras 27 organizaciones de mujeres.

La violencia estuvo protagonizada por la Fuerza Pública y los Grupos de Apoyo Operacional.

Ante la represión y persecución estatal instaurada por el régimen Ortega-Murillo, las nicaragüenses exiliadas participan en manifestaciones en el país vecino desde hace tres años exigiendo justicia por las personas asesinadas en las protestas de 2018, la liberación de las presas políticas y la restitución de un Estado de Derecho. Si bien la marcha también iba acompañada de mujeres costarricenses, esta sería la primera vez que vivieron una agresión por parte de agentes estatales, expresan las activistas feministas.

“Desde que me exilié en Costa Rica he salido todos los 25 de noviembre a marchar desde 2018. Esta es la primera vez que presencio un asedio policial tan masivo como ese día. La marcha iba prácticamente rodeada de policías, iban adelante, alrededor y atrás”, relata Sadie Rivas, activista ecofeminista originaria de Matagalpa.

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Rivas de 22 años, fue la primer manifestante agredida cuando escribió con spray en una acera “Ortega violador” y “Libertad para las presas políticas”. Ocho agentes policiales la interceptaron, le quitaron el spray y forcejearon para llevársela arrestada. No obstante, las mujeres que la acompañaban lo impidieron, pero indican que los agentes les tomaron fotografías.

La represión continuó en el resto de la marcha, a pesar que las manifestantes protestaban de manera pacífica. Claudia Tenorio, nicaragüense refugiada en Costa Rica desde 2018 cuando la Policía orteguista circuló una orden de captura en su contra, expone que el hostigamiento aumentó a medida que avanzaban.

“Al rato miramos que unos policías arrastran a una joven costarricense, la agarraron del pelo, del pie y de todos lados. Me metí e hicimos lo mismo que con la otra muchacha, no dejamos que se la llevaran. Los oficiales me tomaron fotos, me dijeron cosas misóginas, horribles y espantosas, porque cuando se estaban llevando a la chica agarré a uno de ellos (de los oficiales). Él me dijo que lo agredí, pero no fue así, le quité a la chica”, manifiesta Rivas.

A partir de entonces una oficial le cuestionó su estatus migratorio, preguntándole “si ella tenía papeles y si estaba legal” debido a su acento. Mientras que otro oficial le gritó “hijueputa inmigrante ¿Qué hace aquí?”. Desde entonces la violencia estuvo acompañada de insultos xenofóbicos y misóginos contra las mujeres que continuaron protestando.

Al ver un incremento de patrullas y agentes policiales, Tenorio relata que decidieron retirarse. Muchos de los agentes estaban armados y había algunos que estaban vestidos de civiles.

Si bien esta fue la primera vez que las nicaragüenses vivieron violencia policial en Costa Rica, es normal que a ellas se les cuestione su estatus migratorio y la discriminación por ser refugidadas, expone Rivas. La discriminación va desde negarles entrar a espacios públicos hasta negarles el derecho a la educación y al trabajo.

“Es bastante común que nos estén pidiendo los papeles en todos lados. Si no tenes tu identificación de refugiado no podés acceder a nada”, expresa. Aunque en Costa Rica no hay un observatorio sobre las situaciones de xenofobia que viven las personas nicaragüenses, organizaciones de derechos humanos han denuciado que las agresiones han incrementado desde la pandemia.

«El Estado costarricense ha asumido compromisos internacionales que le otorgan responsabilidad de velar por la seguridad y la integridad de las personas refugiadas y solicitantes de refugio», demandaron las activistas al finalizar la marcha.

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