Desde los 14 años Liseth Escalante se reconoce como mujer productora que ha dedicado su trabajo al cuidado y cultivo de la tierra, de manera agroecológica en la comunidad de San Juan de las Pencas, en el municipio de Chinandega, departamento del mismo nombre.

Escalante hoy es vicepresidenta de la cooperativa multisectorial Mujeres en Acción y asegura que el amor por trabajar y producir la tierra es una herencia que sus abuelos dejaron a su madre, su madre les enseñó la labor a su padre y a ella como hija también.

Hoy la productora agroecológica asegura que su trabajo paga también sus estudios universitarios en Ingeniería Agronómica, porque aspira adquirir mayores conocimientos para producir con mayores resultados y enseñar a las demás mujeres de su hogar y entorno, que la producción de la tierra empodera a las mujeres. En esta entrevista La Lupa te cuenta la historia de una “productora de cepa” que con años ha luchado por el derecho a la tierra para ella y sus sucesoras.

¿Cómo y a qué edad nace tu deseo de convertirte en productora de la tierra?

Tengo 16 años de trabajar la tierra, a la edad de los 14 años empecé a trabajar la tierra con el apoyo de mi mamá, o siendo apoyo para mi mamá. Mi mamá me enseñó a trabajar la tierra y tengo la dicha de decir que fue ella la que realmente me enseñó a trabajar la tierra a mi papá a ser productor, porque a mi mamá le enseñaron mis abuelos y ella igual que yo aprendió desde los 14 años empezó a ser productora. Mi papá trabajaba nada más como obrero, pero mi mamá fue la que le dijo a mi papá que era mejor ser productor de la tierra, aunque fuera en tierras prestadas o alquiladas, pero ellos trabajaban las tierras. Tras la reforma agraria mi papá obtuvo tierras, pero luego él falleció y heredó esas tierras a mi mamá y ella me apoyó con sus tierras para que yo aprendiera a producir y trabajar la tierra.

¿Cuáles han sido los obstáculos que has tenido que atravesar desde el momento en que decidiste convertirte en productora?

Mi primer obstáculo cuando yo empiezo a trabajar la tierra, era que yo no me reconocía como productora, sino que yo decía que apoyaba a mi mamá, pero con el tiempo cuando entro a la cooperativa primeramente y luego entro a la Coordinadora de la Mujer Rural, empiezo a recibir los talleres y capacitaciones y empiezo entonces a reconocerme como mujer productora y lo que yo recibía lo compartía con mi mamá. Y ella al ver que yo producía, me heredó de nombre una manzana de tierra, yo la trabajaba y realmente empecé a trabajar, producir y comercializar de esa tierra.

Otro de los obstáculos que se me presentaron, aunque yo tuviera esas tierras y las trabajara, la sociedad no nos miraba como mujeres productoras, no nos abrían el acceso en ninguna financiera a créditos, por no ser dueña de la tierra y no tener ninguna garantía que me respaldara, pero aún así yo me dediqué a trabajar mi tierra, pero fue ya hace cuatro años que mi mamá me dejó a mi nombre una manzana de tierra, la cual trabajo. Puedo decir que tener esa manzana de tierra me ha hecho sentir tener poder, porque soy yo la que decide por mis tierras qué sembrar, qué producir y cómo lo voy a comercializar. El poder decidir sobre esas tierras me ha permitido poder sentirme realizada porque de la producción de mis tierras pago el colegio de mis hijas, alimento a mi familia y pago mis estudios universitarios.

¿Vos, tu madre o las mujeres de tu familia han sido llamadas la esposa o mujer del productor, antes que llamarlas una productora?

Realmente yo, como mi mamá quedó viuda y quedamos solas trabajando, creo que tuve esa visión de ser yo la productora y no que me llamaran nunca esposa del productor.

Aunque para la gente no estaban bien visto que fuéramos mujeres solas y siempre decían que no les parecía que estuviéramos sin el apoyo de un hombre trabajando la tierra. Cuando mi mamá enviudó los varones mucho buscaban a mi mamá supuestamente ellos enamorándola pidiéndole que se volviera a casar, pero nosotras nos poníamos celosas y les pedíamos a ella que no se volviera a casar, porque en mi pensar era que ellos la buscaban no sólo por quererla, sino por aprovecharse de las tierritas que ella heredó.

La gente toda la vida como nos vio solas y vivíamos y trabajábamos solas la tierra, siempre nos llamó las productoras. En el caso de otras mujeres que trabajaban las tierras junto a sus maridos, la comunidad las llamaba “ahí va la mujer del productor julano, va a ayudarle al marido”, pero en el caso de mi mamá, mis hermanos y yo, a nosotras siempre nos han llamado las productoras.

¿Qué significa para ustedes que hoy existan más mujeres decididas a cultivar y producir la tierra?

Nunca ha estado bien visto que las mujeres produzcan la tierra, en mi caso, a mi mamá, mis hermanas y a mí la gente siempre se metía y nos decía: “¿Por qué mejor ustedes no se casan y dejan que sean sus maridos los que se dediquen a producir la tierra?”. Sin embargo nunca cedimos y no dejamos que se nos quitara el derecho a trabajar y producir nuestras propias tierras.

Siempre han existido estas mujeres que cultivan la tierra, lo que sí ha sido para nosotras un gran logro como cooperativa, es que se nos reconozca como productoras a las mujeres, y ha sido gracias a estar organizadas en las cooperativas y pertenecer a la Coordinadora de la Mujer Rural, y todo las capacitaciones que nos han brindado para desarrollarnos como productoras. El cambiar el imaginario es algo muy difícil y cambiar las costumbres e incluso reconocernos como mujeres e incluso en el sexo al llamarnos a veces en la misma cooperativa en las que solo somos mujeres a veces decimos “nosotros en lugar de nosotras”. Otro de los grandes avances es heredarles a las mujeres de nuestro entorno el deseo y amor por trabajar y producir la tierra.

Hoy las mujeres productoras gracias a estar organizadas en cooperativas, también nos ha abierto el poder dedicarnos tiempo a nosotras, saber invertir los tiempos de producción, cultivo y comercialización de la tierra, dedicar tiempo a los trabajos de cuidado en el hogar, pero también dedicarnos tiempo para pegar una bailadita, echarnos una pinturita, echarnos una cremita, hemos aprendido no solo a reconocernos como productora, sino a darnos el tiempo de cuidar nuestras vidas y el cómo nos queremos sentir y vernos. Hoy las mujeres productoras que tienen sus maridos, ven cómo ellos se involucran en las tareas de la casa y no como apoyo sino como colaboración, porque es también un deber de ellos involucrarse en las tareas de cuidado del hogar y eso lo hemos aprendido en las cooperativas.

¿Consideras que ha servido de algo la aprobación de la Ley 717 para ustedes las mujeres rurales?

Cuando yo entré a la cooperativa y me introduje también en la coordinadora de la Mujer Rural, las mujeres ya estaban trabajando en la iniciativa de Ley 717 para obtener el acceso a la tierra. Yo anduve recogiendo firmas en las comunidades para que se nos aprobara esta ley. Cuando nos dieron la noticia de que nos la aprobaron habíamos pensado que conseguimos un gran logo, pero la verdad es que el Estado nos dejó burladas y engañadas porque aprueba la Ley 717, Ley Creadora de un Fondo Para Compra de Tierra con Equidad de Género para Mujeres Rurales, la reglamentó, pero no le puso fondo. Igual nosotras continuamos, no nos dimos por vencidas y hacíamos ferias, marchas para que la gente viera lo que producíamos, sin embargo nunca conseguimos ese fondo que el Estado nos prometió.

En 2017 iniciamos una campaña para recolectar los fondos para obtener las tierra, pero se nos vino abajo con la crisis sociopolítica del país, luego decidimos lanzar otras campañas de ferias, bazares en las comunidades, pero aún así la Policía nos asediaba, nos cuestionaba a qué organización pertenecíamos, pero aún así continuamos, hasta que llegó la situación de la pandemia y se nos ha dificultado pedir fondos. Aún así sigue siendo nuestra lucha conseguir fondos para que las demás mujeres obtengan sus tierras.

¿Qué consejo les brindarías a esas mujeres que a pesar de no contar con tierra propia desean convertirse en productoras?

Mi consejo es que la producción  de la tierra es un arte, de saber esperar, “hoy sembrás, pero en tres meses vas a tener que esperar obtener el alimento”, y sobre todo reconocer que si sembrás de manera agroecológica, vas a tener alimentos sanos.

Yo siempre he dicho que uno debe saber qué tipo de alimento es lo que se está llevando uno a la boca, porque no es lo mismo alimentarse con alimentos cosechados sin ningún agroquímicos, que con transgénicos que no aporta nada más que ser alimentos que no satisfacen ni aportan nada a nuestros organismos. Mi consejo es decirle a las mujeres que produzcan, se esfuercen y sigan luchando por trabajar y producir la tierra por ellas y sus familias, para saber que producen y se alimentan de productos sanos.

El ser productora agroecológica te ayuda a contribuir y mejorar la soberanía alimentaria, aporta y contribuya a que tus ingresos se incrementen y que haya alimento sano en tu platillo.

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La Lupa es un medio con perspectiva de género y derechos humanos que surgió en mayo de 2019.