En 2018, Nicaragua vivió el peor abril de toda su historia. El 18 de ese mes el país entero se sumergió en una crisis sociopolítica que ha dejado más de 328 asesinados, cientos de heridos, presos políticos y miles de exiliados.

La lucha cívica inicialmente estuvo liderada por estudiantes universitarios, muchos de ellos ahora en el exilio, pasando dificultades, lejos de su familia, teniendo que reinventarse cada día para poder sobrevivir en otra patria.

La Lupa conversó con tres jóvenes, que tomaron la decisión de exiliarse huyendo de la brutal represión desatada por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

MÉDICA VANDÁLICA, 28 AÑOS

Por su seguridad y la de su familia insiste en seguir utilizando seudónimo. Médica Vandálica, es una profesional de la medicina graduada en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) y cuando estalló la crisis en el país estaba ejerciendo su profesión.

Su descontento contra el régimen no inició en plena crisis, sino desde antes del 18 de abril de 2018 por la “desigualdad” y “corrupción” que se respiraba en el país.

exiliada Nicaragua

“Creo que muchos nicaragüenses teníamos atravesados en la garganta ese malestar de convivir en un país con tanta desigualdad y con tanta corrupción, con un Gobierno en el poder que es casi monárquico”, señala la joven.

Durante el estallido social no dudó en unirse a la lucha contra la dictadura, inicialmente como ciudadana que reclamaba sus derechos y rechazaba la brusca reforma al Seguro Social que quería imponer el régimen, posteriormente más activamente como personal de salud desde las trincheras universitarias, cuyos recintos fueron bastión de la resistencia cívica.

A medida que pasaron los días y se intensificaba la represión contra una población indefensa, renunció a su trabajo y se atrincheró en el mismo recinto que la formó profesionalmente, para ayudar a los estudiantes que habían decidido tomarse la UNAN-Managua.

“Desgraciadamente vivimos todo este horror de la operación limpieza, yo estuve en la UNAN durante el ataque del 13 de julio, y estuve el 22 de mayo en el ataque que hubo en la Upoli, fui participe de la gente que anduvo en la UNA, la verdad es que siempre estuve bien involucrada desde un perfil bajo por el temor a que le pasara algo a mi familia”, recuerda.

Durante el brutal ataque del 13 de julio en la UNAN, los estudiantes se refugiaron en la Iglesia Divina Misericordia, donde el operativo se extendió hasta la madrugada con un resultado fatal de dos jóvenes muertos.

Después de esos hechos, Médica Vandálica decidió salir del país para salvar su vida, dado que el régimen de Daniel Ortega empezó una feroz cacería contra los jóvenes opositores.

“Muchos de nosotros tuvimos que huir del país, yo salí en octubre de 2018 porque no tuve otra opción, muchos de mis amigos estuvieron presos, otros secuestrados, incluso en cárceles clandestinas, los que pudimos salir y tuvimos la dicha de ser ayudados por personas de buen corazón decidimos hacerlo para no ser una cifra más en Nicaragua de asesinados, secuestrados, violados, torturados, es un hecho que no puedo describir”, dice la joven.

Médica Vandálica se siente parte del “hartazgo colectivo” de los nicaragüenses, que aún en medio del dolor por los recuerdos, creen que se han desvirtuado los objetivos de la lucha que originalmente encabezaron los estudiantes.

“Estoy decepcionada, creo que soy parte del hartazgo colectivo que hay porque hemos venido viendo cómo se ha transformado nuestra causa, nuestra lucha justa, podría comparar esto con un cultivo de bacterias, ahorita tenemos un cultivo muy jugoso, hay muchas bacterias que están en medio de esto queriendo tomar el poder”, señala la Médica Vandálica.

Aunque tanto la Unidad Nacional Azul y Blanco como la Alianza Cívica insisten que la coalición nacional aglutinará “sin exclusión” a la más amplia variedad de actores del país para ganarle la batalla a Ortega, la joven exiliada mantiene sus reservas.

“Siento que se han desviado todos los principios, todos los ideales que teníamos, siento que mucha gente se siente traicionada, siento que se ha perdido un poco la guía que se llevaba, creo que hay que volver a encausar todo esto y lograr nuestros objetivos que son justicia, reparación y no repetición, sobretodo que la dictadura salga del poder”, reclama desde España, país donde permanece refugiada.

Lo que más lamenta de su salida del país es no haberse despedido de su familia y amigos. La semana pasada recibió una carta firmada por su “abuelita” que la terminó de quebrar emocionalmente.

Asegura que vive un “duelo” en tierra lejana donde espera pacientemente una respuesta a su solicitud de asilo. Mientras tanto ha logrado conseguir un trabajo, donde le pagan por horas, que le ayuda a mantenerse económicamente.

ERICK GARCÍA, 31 AÑOS

exiliado Nicaragua

El tranque de Jinotepe fue uno de los que quizá causó más molestias al régimen, por la fila de furgones que quedaron varados en la carretera durante varias semanas. Quizás por eso, el 8 de julio de 2018 las fuerzas paramilitares de la dictadura arremetieron con furia contra los manifestantes durante la operación limpieza que ejecutaron en Carazo.

“Después del ataque en Jinotepe, empezó la redada por toda la ciudad y la gente salió como pudo, la mayoría eran los jóvenes que estaban participando en la protesta”, recuerda Erick García, de 31 años, psicólogo de profesión.

Cuando los autoconvocados se tomaron las calles de Jinotepe, García se unió a la lucha porque creía  que las cosas no andaban bien en el país y el régimen Ortega-Murillo tenía que dejar el poder. Para ese entonces, cursaba el segundo año de la carrera de Derecho, la cual era su segunda carrera universitaria.

“Cuando nosotros agarramos las calles en abril, yo fui de manera autoconvocada, yo fui el 18 al ver lo que estaba pasando en Camino de Oriente (en Managua) yo iba porque miraba el descontento popular de la gente, todo el mundo empezó a sumarse de manera autoconvocada porque estaban hartos, no querían saber de política y por lo que estaba pasando con el INSS más lo de Indio Maíz, fueron cosas que se fueron sumando”, explica ahora desde el exilio.

El 13 de Abril, una semana antes del estallido social, un grupo de universitarios marcharon en protesta por la inoperancia gubernamental tras el incendio que estaba devorando la Reserva Biológica Indio Maíz y fueron reprimidos por la Policía y la Juventud Sandinista.

Después de la «Operación Limpieza», que cobró la vida de al menos 25 manifestantes en un ataque que duró más de 12 horas, García salió con otros autoconvocados a una casa de seguridad en Managua, pero el 18 de julio salió por “punto ciego” hacia Costa Rica.

“Cuando salí a Costa Rica ya habían capturado a los hermanos Lesage, había un montón de muertos y éramos acusados por un montón de delitos, acusados de terrorismo, entonces, era quedarse a enfrentar un juicio injusto, o te desaparecían, estuvimos planificando la salida para sortear los retenes y llegamos a este país”, recuerda García.

En Costa Rica no estuvo mucho tiempo, se sentía inseguro y salió para España. El 24 de octubre de 2018 llegó al país europeo confiado que ahí estaría más seguro.

Operacion Limpieza Jinotepe
Antimotines avanzando a un lado del reciento regional de la UNAN durante la «Operación Limpieza». Cortesía

“Como yo estaba constante en las redes, había mucha amenaza, me decían que me iban a matar, te tenemos ubicado, entonces, no había mucha seguridad y yo quería irme a un lugar lejos”, cuenta.

El joven universitario cree que los nicaragüenses que siguen “padeciendo” las consecuencias de la crisis sociopolítica ya entregaron suficiente a la lucha cívica y el turno le toca a la llamada oposición.

“La mayor responsabilidad la tiene el sector privado, qué le vas a pedir a la población que ya dio decenas de muertos, qué le vas a pedir a la población que puso a los presos políticos, qué le pedís al pueblo que tiene madres, padres y conocidos en el exilio, entonces, qué le pedís al pueblo si ya puso la sangre en la calle”, sentenció.

García cree que la “decepción es generalizada” porque el pueblo siente que la oposición tiene la “responsabilidad” de sacar a Ortega del poder y la llamada coalición debe ser más “inclusiva”.

“La diáspora tiene que ser un parte importante, los exiliados, gente que estuvo en las barricadas, y no precisamente porque estuvo atrincherado, algunos eran activistas y apoyaron de alguna manera, pero es gente que no puede participar y están excluidas, no los toman en cuenta  y cuando van a Costa Rica solo se reúnen con la Quirós y toda esa gente que realmente son más de los mismos, ese es el gran descontento”, denunció García.

JOEL HERRERA, 22 AÑOS

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Con heridas que siguen abiertas e intentando asimilar el dolor que le produce estar lejos de su familia y su país, este joven conocido como “Oso Guarimbero” refuerza la teoría y asegura que en los grupos de la oposición existen personas con viejas prácticas políticas que intentan “descalificar” la opinión de los demás.

“Si le caes a esa persona como una amenaza para su forma de actuar, poco a poco te va a ir apartando, te va a ir descalificando y eso, simplemente, provoca que los aportes vayan al vacío (…) Tus propuestas, tus aportes, no llegan a nada por descalificativos absurdos, yo fui descalificado en algún momento por cosas que para mí eran insignificantes, dentro de la misma organización nicaragüense hay muchos problemas, pero creo que con todo y las diferencias es posible hacer algo y lograr un cambio”, señala Herrera.

Para este joven exiliado, que estuvo atrincherado en la UNAN-Managua hasta el 13 de julio cuando fuerzas del régimen perpetraron un ataque armado en el recinto, los grupos opositores se han olvidado de la lucha estudiantil.

“Hubo un momento en el que las demandas estudiantiles comenzaron a salir del mapa, ya nadie hablaba de estudiante, se perdió el objetivo de las cosas y ya todo corría en torno al discurso de unidad que para mí ya está gastado”, mencionó Herrera, quien abandonó las filas de la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia (CUDJ).

El 18 de abril, los estudiantes se levantaron con la esperanza de cambiar la dirección que llevaba el país y muchos de ellos fueron expulsados y sancionados de las universidades, pero éste es un tema del que muy poco se oye hablar desde la oposición, señala Herrera.

“No hay que olvidarse de las propuestas estudiantiles, hablan de reforma electoral, elecciones y todo, pro quién habla del asunto que pasa en las universidades, quién habla de los estudiantes expulsados, de las personas que aún dentro de las universidades están viendo proselitismo político y no pueden generar un cambio”, se quejó Herrera.

Al momento que estalla la crisis, Herrera cursaba cuarto año de Medicina en la UNAN y a pocos meses de que cumplan dos años de la lucha que emprendió el pueblo afirma que sus vidas cambiaron “abruptamente”.

Cuando se le pregunta cómo ha sido el exilio desde septiembre de 2018, hace una pausa y lo resume con una frase que le dijo su mamá en una de las más recientes comunicaciones telefónicas: “Vos no moriste, pero yo también perdí a mi hijo”, puntualiza.

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