El dictador, Daniel Ortega, a quien no se le ve la cara desde el pasado 12 de marzo, fue el gran ausente en la sesión solemne y homenaje póstumo que se realizó este viernes en la Asamblea Nacional en memoria de su amigo y compañero de celda, el diputado Jacinto Suárez Espinoza, quien falleció este 2 de abril.

El programa contemplaba la comparecencia de Ortega y de la vocera del régimen, Rosario Murillo, quien tampoco dio la cara durante el solemne acto que contó únicamente con  la participación de los parlamentarios, los familiares del fallecido y otros funcionarios públicos.

La sesión solemne que duró aproximadamente 45 minutos estuvo presidida por el diputado sancionado, Gustavo Porras, quien resaltó todas las virtudes del fallecido legislador.

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“Fuiste laboratorista, fuiste locutor, querías ser médico, fuiste científico social, pero nada es incomparable a lo que realmente fuiste, un verdadero revolucionario, un ejemplo para todas las generaciones de hoy y las que están por venir”, señaló Porras.

El diputado sancionado dio lectura al decreto 35-2020 a través del cual otorgan la medalla en oro “Augusto C. Sandino” en su máximo grado a Gilma Perezcassar, viuda de Suárez Espinoza.

De acuerdo al programa, la vocera del régimen estaría leyendo el decreto y Ortega iba a ser el encargado de entregar en manos de Perezcassar la medalla de oro. Al mismo tiempo, estaba contemplado que Ortega dirigiera unas palabras durante el evento.

En su lugar, Porras dijo que tenía la “enorme responsabilidad de transmitirte el abrazo de Daniel, de transmitirte el abrazo de Rosario” a la viuda de Suárez Espinoza.

El mandatario, que apareció públicamente por última vez el pasado 12 de marzo, cuando participó en una reunión virtual con el resto de presidentes del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), tampoco estuvo en la vela.

Antes de esa fecha, el pasado 27 de febrero fue otra de las pocas veces que dio la cara cuando recibió las cartas credenciales de cinco embajadores concurrentes.

Desde que empezó la crisis desatada por la pandemia del COVID-19, contrario a lo que ocurre en el resto de los países de la región, Ortega es el único jefe de Estado que no ha dado la cara a sus ciudadanos para abordar el tema y analizar los alcances del brote.

En el acto los  diputados y demás personas, contrario a lo que el régimen ha mandado, por temor al contagio del COVID-19, guardaron el distanciamiento social recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Desde que el resto de los países decidieron mantener en cuarentena a sus ciudadanos, el régimen ha hecho lo contrario en el país, inclusive ordenó una visita casa a casa para brindar recomendaciones a las familias.

COMPARTIERON CELDA

Suárez Espinoza, considerado un amigo muy cercano de Ortega con quien compartió cárcel en la época de Somoza, falleció a los 73 años, debido a problemas renales que complicaron su salud hace tres meses.

A la vela de Suárez que se llevó a cabo la noche del jueves asistieron diferentes funcionarios públicos, entre ellos el magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Francisco  Rosales quien llegó usando una mascarilla, en total contradicción con el discurso del régimen que se empeña en calificar el alcance del virus como una simple gripe.

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Ortega creció en el mismo barrio donde se crió Suárez Espinoza, ambos se incorporaron a la lucha del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) desde muy jóvenes.

La persecución política lo llevó a la clandestinidad, pero el 6 de agosto de 1967 fue encarcelado y sometido a torturas, tras ser capturado en una operación urbana. En prisión, donde estuvo recluido hasta el 30 de diciembre de 1974, compartió celda con Ortega.

Después que salió de prisión hasta enero de 1979 fue el representante oficial del FSLN en La Habana, Cuba.

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