El masivo cierre de organizaciones sin fines de lucro ordenado en los últimos nueve meses por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, a través del Ministerio de Gobernación y la Asamblea Nacional, responden a una “política de tierra arrasada”, que tiene como objetivo eliminar cualquier forma de organización social y política, afirma la feminista y defensora de derechos humanos Ana Quirós, quien en noviembre próximo cumple cuatro años de haber sido desterrada de Nicaragua.

«Están actuando con una política de tierra arrasada, eliminando cualquier forma de organización, de cualquier espacio político, de cualquier espacio de grupos de personas que les pueda representar, según ellos, un peligro. No hay ningún interés en que las organizaciones se pongan al día, todo lo contrario, quieren erradicar todas las organizaciones que no le son afines, que no están dispuestas a arrodillarse frente a ellos», denunció.

La defensora de derechos humanos es ciudadana costarricense y en 1997 obtuvo la nacionalidad nicaragüense; sin embargo, el 26 de noviembre de 2018 el régimen Ortega-Murillo ordenó expulsarla, luego de 40 años de residir y trabajar en Nicaragua en la promoción de los derechos socioculturales, de acceso a la salud, de recreación y en favor de los derechos humanos.

Quirós es experta en temas de Salud Pública y dirigía el Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (CISAS), una de las primeras oenegés canceladas y confiscadas por el régimen en noviembre de 2018. Tras su salida del país tuvo que reinventarse y, actualmente, dirige la misma organización desde territorio costarricense; afirma que el destierro le impactó de forma radical y el cierre de la oenegé causó un grave impacto en la vida de las y los nicaragüenses que eran beneficiarios del trabajo que realizaban sobre todo en el occidente de Nicaragua.

¿Qué ha significado ser desterrada de un país, de un lugar donde creció profesionalmente, se entregó a la defensa de los derechos humanos  y donde pasó gran parte de su vida?

Fue un cambio muy drástico. Tu vida cambia radicalmente, lo que hacías diariamente ya no lo volvés a hacer; en lo que trabajabas ya no lo podes hacer; lo que veías cada día ya no lo ves; y la gente con la que relacionabas, que veías cada día, ya no las volvés a ver. Alguna de esa gente con la que trabajabas más o menos cerca, más o menos cotidianamente, han muerto durante nuestra ausencia y no hemos tenido la posibilidad de despedirnos de ellas, eso es de las cosas más dolorosas del destierro, no poder ver a tus familiares, a tus amistades, a tu gente, y saber que estas personas mueren y no podés despedirte de ellas ni podés participar del duelo colectivo, las velas y los entierros, son cosas sumamente dolorosas. Además, una pasa por todo el cambio en la vida que representa vivir en otro país, que en mi caso no puedo decir que es un país que no es el mío, pero es donde por más de 40 años no había vivido y que, francamente, con frecuencia no entiendo decisiones, cosas que suceden aquí, que allá nunca sucedían, trámites que uno ahora tiene que hacer y se hacen totalmente diferente a lo que se hacía en Nicaragua.

¿Cómo ha sido el camino para reinventarse en Costa Rica? ¿Logró continuar con el trabajo que realizaba en Nicaragua en defensa de los derechos humanos?

He logrado continuar como defensora. Logré junto con otras compañeras crear Cisas Costa Rica, retomar los objetivos que teníamos en Nicaragua, pero ya no podemos trabajar con las comunidades, como trabajabamos antes, con los niños, niñas, en las escuelas, con los jóvenes en los barrios y comunidades marginales. Aquí hay que hacer las cosas diferentes por un lado y por otro, la población nicaragüense está dispersa, allá ibas a cualquier barrio, los identificabas y ya tenías el grupo con el que ibas a trabajar, y aquí no es que hay buscarlos con pinzas porque son muchos, pero hay que buscarlos de formas diferentes, hay que averiguar, valorar, qué pueden hacer y con quiénes podés trabajar. 

El régimen ha mandado a cancelar la personalidad jurídica de más de 2300 oenegés ¿A qué obedece ese tipo de acciones del régimen?

Creo que están actuando con una política de tierra arrasada, tierra arrasada de cualquier forma de organización, de cualquier espacio político, de cualquier espacio de grupos de personas que les pueda representar, según ellos, un peligro, el cual no existe porque el peligro en realidad son ellos y ellos lo ven en el resto de personas.

Yo sé que no todas las organizaciones que han cancelado estaban activas, pero ese no es el tema, el tema debería de ser que se llame a las organizaciones y se les pida que se presenten, que rindan cuentas sobre lo que están haciendo porque lo que están haciendo ahorita es disparar y luego preguntar, no hay ningún interés en que las organizaciones se pongan al día, todo lo contrario, quisieran erradicar todas las organizaciones que no le son afines, que no están dispuestas a arrodillarse frente a ellos.

¿Quiénes estarían siendo perjudicados con este tipo de cierre?

Nicaragua tenía una red de apoyo social en las comunidades, en las organizaciones, que permitió incluso responder ante emergencias enormes, ante las necesidades cotidianas de la gente, por ejemplo, en el tema de la educación, de salud, de la información, de la prevención de desastres, no se habla tanto, pero, por ejemplo, Acción Médica Cristiana, que es una organización con varios años de trabajo, tenía la red de alerta temprana sobre la zona del Río Coco, que alertaba a  la población de las comunidades de la orilla del río cuando había crecidas, lluvias o cualquier eventualidad que les pusiera en riesgo y hoy está cerrada.

Esta misma organización, por ejemplo, era la que prestaba atención médica en la mayoría de estas comunidades. No era el Ministerio de Salud, entonces, a quién se afecta, a la población, a las comunidades.

Otro ejemplo, al cerrar Operación Sonrisa ¿a quién afecta?, bueno, a los niños que recibían tratamiento, a los que estaban enlistados para ser operados, entonces, afectan a las personas más desprotegidas, a las que necesitan más acompañamiento y que el Estado en ningún momento se los ha dado ni se los dará, porque no tienen capacidad ni un programa de atención a niñez con labio leporino, un programa de atención a adolescentes, madres adolescentes, sino que las mandan a parir y a hacer tratos y acuerdos con los violadores.

Han pasado casi cuatro años desde el cierre de CISAS ¿qué población quedó más vulnerable tras el cierre de esta organización que usted dirigía?

Nosotras trabajábamos con comunidades de todo Occidente de Nicaragua, con personas con VIH, con niños y niñas de escuelas en zonas empobrecidas, con las madres y maestros de esas niñas y niños, con grupos de mujeres que querían empoderarse, y en diálogo y trabajo con las alcaldías, incluso programas de infraestructura, entonces, el efecto va más allá del equipo de trabajo de CISAS que también fue afectado porque fue gente que quedó sin empleo, sin su fuente de ingreso, y ahora tienen que correr a buscar cómo se va a mantener, estamos hablando de más o menos 20 y 25 colegas que fueron afectados.

¿Pueden las organizaciones sobrevivir aún después de la cancelación y en algunos casos incluso la confiscación y persecución?

Siempre hay alguna manera de seguir trabajando, pero las dificultades son muchísimo mayores, los riesgos son enormes y las limitaciones son grandes, sobre todo por el control de ingreso de divisas, las campañas de desprestigio a las organizaciones y la vigilancia a las comunidades, eso dificulta enormemente, aunque sé que hay colegas que siguen haciendo un trabajo importante para mantener un trabajo con las comunidades con la que habían venido trabajando.

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