20 abril 2021. Lizeth Dávila aún arregla el cuarto de su hijo Álvaro Conrado, el niño atleta asesinado hace tres años por la dictadura Ortega-Murillo. Su habitación está intacta, a como la dejó ese último día de su vida. La ropa de salir, de deporte, el uniforme del colegio Loyola  permanecen en el armario. Pareciera que Alvarito no se ha marchado.

“Incluso la ropa que  le compré para cuando cumplió 15 años está allí, sus zapatos nuevos”, relata la madre.

Tres años se cumplen desde el fallecimiento de Álvaro y para su madre el dolor sigue igual, las heridas no han sanado porque la justicia  por el asesinato de su hijo sigue en la impunidad al igual que las otras 327 personas que murieron en 2018, producto de la represión del régimen sandinista.

“Abril me dejó luto, dolor y me destruyó la vida. A mi hijo nadie me lo regresará  y ese dolor está latente cada día más tres años y siento que fue hoy como miré a mi hijo en una cama ya sin vida  después de haber luchado por vivir mi hijo pedía lo salvarán mi hijo no quería morir”, dice Lizeth con lágrimas en sus ojos.

Un campeón de atletismo en formación

Conrado tenía un talento versátil, como cualquier joven le gustaba tocar la guitarra, fanático del animé japonés, pero también era un deportista en formación. El niño mártir, ya había cosechado tres medallas en competencias de atletismo, representando al Instituto Loyola, donde cursaba el cuarto año de secundaria.

El delito de Álvaro fue no ser indiferente a la injusticia, ser solidario con los estudiantes universitarios que hacían frente a las balas de la Policía y fuerzas de choque orteguistas. Llevar bolsas con agua en su mochila para saciar la sed de sus compañeros le cobró su vida y la meta  de un joven que un día soñó con ser un gran atleta.

“Me duele respirar”

Fue la frase que el adolescente dijo cuando recibió un disparo en la garganta que acabó con su vida

“Era un joven compasivo, competente, con talento en la pista, porque el incursionó a las competencia de salto largo de manera empírica y ganó tres medallas. Era un chico que le gustaba la disciplina, pendiente de mejorar su técnica”, confiesa Iván Méndez, entrenador del club de atletismo del colegio Loyola.

El 8 de abril de 2019, Conrado fue honrado en el colegio donde estudió. Una estatua dorada, imagen de su valentía y bondad yace en las instalaciones desde entonces, para que  en las generaciones de estudiantes venideras recuerden siempre sus principios y valores patrios. La pista de atletismo inaugurada ese mismo año, también lleva su nombre. ¿Qué pudo haber hecho Conrado como atleta a futuro? Sin duda, el régimen le arrebató  la vida a un brillante prospecto de la pista.

El eterno Alvarito

El asesinato de  Álvaro dejó marcada a toda una nación. La bala que provenía del Estadio Nacional de Béisbol Dennis Martínez, se quedó clavada en su cuello y lo ahogó en su sangre poco a poco. La negación del Hospital Cruz Azul de auxiliar a  Conrado, lo privó de salvarse y lo empujó al abismo de la muerte.

“Me duele respirar, me duele” fueron sus palabras de agonía, el sentir que desvanecía su vida cerca de los terrenos  de la Universidad Nacional de Ingeniería.  Era una escena de terror que también reflejó las heridas de  país asfixiado por una cruel dictadura.

“Me arrebataron lo más bello que una mujer tiene  como es un hijo . Mi Campeón mi niño mi atleta,  mi músico, mi buen estudiante”, declara la madre de Álvaro Conrado, el niño que saltó de la pista de atletismo hacia la inmortalidad, porque su recuerdo nunca será borrado.

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