En los últimos 25 años han sido asesinados casi 700 periodistas en América, según la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). El relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Pedro Vaca, afirma que alrededor del 80% de esos crímenes están impunes.

El último Informe Sombra de Voces del Sur (VDS), una red de organizaciones que trabajan por la defensa y la promoción de la libertad de prensa en Latinoamérica, advierte del deterioro de las libertades en la región y expone una serie de tendencias muy preocupantes: recrudecimiento de la violencia contra los y las periodistas, amenazas del crimen organizado, agresiones y abuso del poder estatal, leyes y sistemas de justicia que buscan silenciar el periodismo, impunidad, autocensura y exilio. 

Voces del Sur deja claro que hay efectos diferenciados de la violencia contra las mujeres periodistas, frente a sus colegas hombres, al predominar amenazas contra el entorno familiar, en especial contra los hijos, ciberacoso, comentarios sexistas y misóginos, y violencia sexual

En los últimos años ha crecido el exilio de periodistas latinoamericanos, a la que se suman cada vez más mujeres que investigan corrupción, vínculos con grupos criminales o simplemente tienen una mirada de su país contraria a sus gobiernos. Reporteros Sin Fronteras (RSF) tiene un programa de protección para periodistas amenazados y víctimas de la violencia directa. En 2023, la organización destinó 998.302 euros para ayudar a más de 400 periodistas de más de 60 países, entre ellos, muchas mujeres. 

Con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, la vicepresidenta de RSF, Edith Rodríguez Cachera, explica a EFE la situación y profundiza en el caso de las mujeres periodistas víctimas de violencia y hostigamiento.

Periodistas en peligro y víctimas de violencia

¿América Latina es la región más peligrosa para ejercer el periodismo? 

Sí, pero depende de lo que entendamos por peligrosa. Es, desde luego, la más mortífera, sobre todo en tiempos y en países en paz, en lugares sin conflicto [guerra], lo cual llama muchísimo la atención. Pero si tenemos en cuenta los encarcelamientos, que también son violencia, hay otras regiones, como Asia, que son tremendamente opresoras, en especial para las mujeres.

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En América Latina se juntan dos contextos: la violencia, que es altísima en países como México o Colombia; y las dictaduras, que expulsan a sus periodistas. Estos dos contextos colocan a América Latina como una de las regiones más complicadas para ejercer el periodismo. Si los números bajan no es por una mejora de la situación, sino por un aumento de la autocensura.

Si eres una periodista latinoamericana amenazada o que ha sufrido violencia, ¿cómo accedes al programa de rescate de RSF?

Reporteros Sin Fronteras tiene un paraguas general, que es el Departamento de Asistencia, donde estamos desbordados. Esto nos indica que hay un aumento de las amenazas en el mundo, especialmente en América Latina. Tenemos lo que yo llamo un botón rojo que aprieta un periodista que está en peligro, es decir, nos dice ‘socorro’, ‘me están persiguiendo’, ‘estoy en peligro inminente’. Entonces, nuestro Departamento de Asistencia Global, que está en París, coordina con las delegaciones nacionales y se activa el protocolo para sacar del país al periodista que está en peligro.

Se nos han disparado las peticiones de asistencia, el año pasado gestionamos 400, el doble que el año anterior. Esto nos confirma que el ejercicio del periodismo en todo el mundo, y en América Latina en particular, se está deteriorando. 

En España, tenemos un programa específico dirigido a latinoamericanos, por el cual realizamos una acogida temporal, les sacamos de su contexto de peligro durante tres o cuatro meses, vienen a Madrid, se desconectan, crean lazos laborales y con medios españoles, reciben ayuda física y psicológica, les ofrecemos espacios seguros a través de convenios con universidades donde pueden ejercer como docentes.

Crece el exilio

Aunque son programas de acogida temporal, hay un número creciente de periodistas que no regresan a sus países porque se sienten en riesgo. ¿Cuál es la proporción de periodistas que se quedan en España? 

No tengo la cifra exacta, pero más o menos uno de cada cuatro, es decir, el 25%, y suelen ser los que vienen de contextos de dictaduras porque no pueden regresar. El exilio es muy grave, la gente no lo dimensiona, implica cosas muy dolorosas. Por eso, aunque los periodistas de México o Colombia están expuestos a peligros gravísimos, regresan en su mayoría. Pero sí viene un nicaragüense y, sobre todo, un cubano, se quedan porque es la condición que les pone el régimen cuando se van: ‘sal, vete y no vuelvas’.

¿Por qué está aumentando el exilio?

El exilio de periodistas está creciendo, y en muchos lugares del mundo, lo cual nos plantea un reto humanitario de gestión. El exilio está casi siempre ligado a regímenes autoritarios. Nos encontramos con contextos nefastos en África, como Sudán; en Asia, como Afganistán o Irán; pero también en Europa, como Rusia, que está expulsando al exilio a centenares de periodistas. En América Latina, no queda rastro de periodismo independiente en Cuba y Nicaragua, mientras que en Venezuela quedan retazos, pero con un coste muy alto. Cuba, al igual que su población, tiene a un tercio de sus periodistas en el exilio. 

Más allá de los países latinoamericanos que menciona, está aumentando el crimen organizado y el acoso a periodistas en muchos otros lugares…

Si, está ocurriendo en Centroamérica. Esperamos que en Guatemala, con el cambio de gobierno, se dé la vuelta a las cosas. Ahí está José Rubén Zamora todavía en prisión. Igual que en Honduras. El Salvador vive una situación catastrófica, donde los periodistas que quieren quedarse se someten a una autocensura fortísima. En Ecuador, los periodistas que operan en las zonas costeras, donde se mueve el narcotráfico, son los que más tienden a huir. También está pasando en Perú y en Argentina, donde nos tememos lo peor. Hay periodistas argentinas que están tomando la ruta del exilio.

El escarmiento contra las periodistas

Antes eran los hombres principalmente quienes se veían en peligro, pero la situación está cambiando, ahora hay muchas mujeres periodistas latinoamericanas de medios independientes que parten al exilio. ¿Qué está pasando? 

El acceso de las mujeres a la profesión periodística está creciendo y, además, están cayendo esas barreras paternalistas que las protegían especialmente en regímenes autoritarios. Estamos llegando, quizás, a una igualdad en la represión –no se llega a la igualdad en nada más–. En el momento en el que se te localiza, se te trata como a un hombre o peor: ‘si tu lo querías, pues ahí lo tienes’. Por ejemplo, en Bielorrusia se han llegado a encarcelar a más mujeres periodistas que a hombres. Esta es una característica del régimen de Lukashenko, que usa el escarmiento. Y esto pasa en muchos sitios. En América Latina, también se usa el escarmiento con las mujeres. 

Luego están los casos individuales, donde las persecuciones se centran en una sola periodista desamparada hasta por su propio medio, y esto es lo grave. Ocurre sobre todo con periodistas de investigación, cuando se adentran en corruptelas, en vínculos entre el narco y las autoridades. Entonces se las va aislando. Piensan: ‘hasta aquí has llegado y dejo de protegerte porque yo mismo, quizás, tengo miedo o estoy implicado’. Así entran las mujeres periodistas de investigación en un desamparo tremendo, se quedan muy solas […]. Al obrar solas, terminan siendo víctimas de una agresión que siempre pasa por el cuerpo

La violencia pasa por el cuerpo

¿Cuáles son las amenazas específicas de las que son objetivo las periodistas? 

La violencia contra las mujeres periodistas siempre va en escalada. A veces se simultanea, pero suele empezar con acoso en redes, con ciberacoso, es decir, se siembra el hostigamiento y se utilizan trolls. Esto, por ejemplo, es muy salvadoreño porque Nayib Bukele obra, actúa y crece al calor de las redes sociales. Del acoso y el hostigamiento en las redes se pasa a lo personal. 

Como dicen en Colombia, se las perfila, se fabrica un caso a través de la publicación de calumnias y difamaciones. Se utilizan perfiles digitales para descalificarlas, todo relacionado con su condición de mujer. Después se pasa, o en paralelo, a lo físico: se las localiza por la calle o las persigue un vehículo, se les llama al móvil. Las amenazas siempre pasan a lo físico. La violencia contra la mujer en América Latina pasa por el cuerpo.

No ha habido ninguna mujer latinoamericana a la que haya asistido Reporteros sin Fronteras en España que no nos haya hablado de un acoso físico que va desde la amenaza verbal hasta la agresión sexual o física.

¿La violencia sexual es un arma para silenciar? 

Claro que sí. ¿Quién, después de ser violada, de ser agredida sexualmente, se atreve a volver a hablar? Pues las hay, me quedo entre la admiración y el horror. En América Latina es muy corriente que suceda esto de ‘levantar’ mujeres, de secuestrarlas, cogerlas un día, meterlas en un coche, en un maletero… Casi siempre hay agresiones sexuales. Muchas de ellas lo han normalizado y siguen ejerciendo el periodismo. Lo cuentan con una normalización que hiela la sangre y desde Reporteros Sin Fronteras lo que hacemos es desnormalizar esa violencia. Vienen de una violencia física, psicológica y sexual alarmante. La impunidad es total, nadie paga nunca por esos crímenes. 

Las periodistas de investigación se quedan solas

Algunas periodistas latinoamericanas han investigado ellas mismas los crímenes que cometieron contra ellas…

Ellas saben bien quiénes son en la mayoría de los casos, incluso ponen cara al victimario, y acaban investigando las agresiones sexuales cometidas contra ellas. Pero necesitan un tiempo, distanciarse, hasta que se reencarrilan, o creen que se reencarrilan psicológicamente, porque muchas veces las huellas del estrés postraumático no se acaban.

Para gestionar el trauma posterior a la agresión, sea del tipo que sea, hacer la investigación, es una forma de sanar. He constatado, conversando con ellas, que muchas veces seguir trabajando sana, que el periodismo sana, seguir investigando los crímenes contra ellas y contra las demás. Esto pasa mucho en México, donde la organización Forbidden Stories se dedica a terminar el trabajo de periodistas asesinados. Es como una forma de sellar. Lo que persiguen los asesinos y los violadores es que pares, que te calles.

Entonces, seguir contándolo es una forma maravillosa de hacer justicia frente a la impunidad judicial.

El investigar esos delitos es una forma de vengarse y de sanar. Porque aunque quede muy feo decirlo, según el contexto, la venganza cura. Hay muchas formas de vengarse y una de ellas es haciendo periodismo.

Ante tantas violencias, ¿las latinoamericanas han asumido la necesidad de hacer un periodismo con enfoque de género? 

Las periodistas latinoamericanas tienen un enfoque de género muy marcado por los contextos de violencia en los que se mueven, ya no sólo como periodistas. Desde que nacen, como niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres, lo tienen muy incorporado. Además, se mueven en contextos ambivalentes dentro de las redacciones. Las redacciones dicen de sí mismas que son paritarias e igualitarias, pero los hombres, a veces, se apoderan hasta de las investigaciones que realizan las compañeras, se cuelgan las medallas. Y ahí hay conductas reprobables. Tienen un discurso muy poderoso.

Hay sororidad y un empuje que a veces falta en las redacciones españolas, ese espíritu de combate y de reivindicación. 

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Hacia una mayor represión

En el Día Mundial de la Libertad de prensa, justo cuando estamos viendo guerras, asaltos a embajadas que violan el Derecho Internacional, regímenes iliberales que acechan a la democracia… ¿Vamos hacia un panorama periodístico más restrictivo?

Claramente estamos en un momento de retroceso y basta ver los focos que se van expandiendo por el mundo de autoritarismo y represión. Estamos en un mundo, paradójicamente, cada vez más conectado que está llenándose de agujeros informativos. Hay zonas enteras del mundo sin cubrir y esto se debe a la precariedad del periodismo internacional, de los países llamados occidentales, de las democracias desarrolladas, que tienen una alta calificación, pero cada vez menor en nuestra clasificación de la libertad de prensa.

También vamos a una represión mayor que se extiende por el mundo de distintas formas, bien como conflictos o regímenes autoritarios, autócratas en democracias liberticidas. El resultado es que en tres cuartas partes del mundo no hay libertad de prensa

Cada vez se asesina menos a periodistas locales –esto es una buena noticia siempre–, con la excepción este año inusual de Gaza, donde se ha producido una masacre de periodistas. Este dato significa que no hace falta matar casi siempre, ya no hace falta asesinarlos, basta con asustarlos, intimidarlos para que ellos mismos se autocensuren; o se les encarcela más.

De hecho, hay más periodistas en prisión que nunca. Y es curioso que siendo las mujeres minoritarias en la cárcel, son las que en todo el planeta reciben las condenas más duras, con más de diez años de cárcel. Pensamos en compañeras africanas, iraníes, bielorrusas. Es increíble. Ahí se percibe muy bien ese escarmiento contra las mujeres. 

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