En las calles de Chinandega un grupo de adolescentes y niñas están poniendo en la agenda pública la necesidad de erradicar la violencia machista. Exigir sus derechos ha provocado que las llamen «mal portadas», un calificativo que lejos de amedrentarlas, las ha motivado a seguir en la lucha porque otras se empoderen y denuncien la violencia machista que viven día a día.

Ana Laura Durán, integrante de la colectiva Brujas Malportadas, Mujeres en Libertad ha trabajado directamente con las niñas desde la psicología social, y en esta entrevista nos cuenta sobre el trabajo que han estado realizando, y los peligros a los que están expuesta las mujeres en Chinandega, en especial las desapariciones.

El colectivo, Brujas Malportadas, contabiliza al menos 15 casos de desapariciones reportados solo en este año, pero advierte que no todas las familias denuncian las desapariciones, así que podrían ser más.

Niñas y adolescentes contra la violencia machista

¿Cómo nace Brujas Malportadas?

El nombre de Brujas Malportadas es porque surgió la necesidad de trabajar con adolescentes que eran vistas como malportadas en los colegios, las que se peleaban, las que se levantaban la falda, las que defendían sus derechos pero eran llamadas mal portadas. Decidimos trabajar con este tipo de chavalas de diferentes colegios de secundaria.

Fue genial darnos cuenta de la realidad que viven las mujeres a edad edad y cuáles son sus principales problemáticas que el colegio no las logra detectar, solo hablan de las chavalas malportadas en los salones.

Logramos identificar las principales problemáticas a nivel de  violencia, a nivel de abuso que había en sus hogares. Con ellas trabajamos el tema de la historia personal y los derechos, Y así se fue formando la colectiva con esa necesidad de trabajar directamente solo con mujeres jóvenes.

Nosotras hablábamos de empoderar a las chavalas sobre derechos sexuales, pero cuando logramos identificar esas problemáticas tuvimos que darle una vuelta al proyecto porque teníamos que hablar primero de la realidad de sus vidas  y de sus familias, porque parte de la conducta que las chavalas estaban teniendo era por la violencia que estaban viviendo en sus hogares, el abuso sexual y cuando las familias las obligaban a hacer cosas que ellas no querían.

Un caso específico es que las chavalas no tenían una comunicación con sus mamás sobre su vida, sobre su cuerpo, y también nos dimos cuenta que las chavalas vivían acoso desde sus mismas familias.

¿Cómo fue el trabajo en los colegios?

En el proyecto decidimos trabajar con cinco colegios de secundaria, porque en ese entonces podíamos meternos a los recintos y teníamos un vínculo más cercano con los consejos de los colegios. Ellos mismos nos decían “ayúdennos con estas chavalas, ya nos las aguantamos, dejan clases, no les importa nada”. Había un vínculo más cercano en ese entonces.

El colegio decía que nos iba a mandar un grupo específico de chavalas. Trabajamos tanto con colegios públicos como con colegios privados y la realidad era igual.

Dentro de los talleres que teníamos, salía que las chavalas no reconocían su cuerpo como una cosa de ellas, sino que miraban lo que los demás decían, que debían estar bonitas para los demás, que tenían que aprender todo lo del hogar para que se pudieran casar.

Por ejemplo, la maternidad era una cosa que algunas lo miraban como algo que sí les gustaba, pero otras decían “yo no quiero, pero mi mamá dice que debo tener hijos y si no tengo hijos pues no soy mujer”. Salía todo el tema del amor romántico, de la violencia en el noviazgo, el tema del uso de los métodos anticonceptivos como una cosa que ellas no entendían y que no era una cosa clara para ellas.

Así que trabajamos todos estos temas para que ellas estuvieran informadas con las integrantes del colectivo que está formado por trabajadoras sociales, psicólogas y en mi caso me he especializado en el tema de la atención psicosocial.

¿En cuántos colegios han podido estar?

En ese entonces comenzamos con cinco en un solo municipio, pero ahora tenemos presencia tanto en el viejo, en Chinandega y en las comunidades de La Bolsa, Belén y La Mora.

Las problemáticas cambian en relación a la gente de las comunidades rurales, por la posibilidad, los accesos, la costumbre, la religión. Nosotras sentimos que las chavalas que están en la ciudad tienen más oportunidades de conocer más estos temas y hay menos imposición en el tema de la religión.

¿Qué cambios han visto en las chavalas?

Un cambio importante es que las chavalas logran ver el amor romántico como una cosa que no podemos seguir proyectando en la vida de las mujeres, porque el amor romántico implica violencia y aumentar el machismo. Nosotras vemos que las chavalas hablan en sus mismas pláticas sobre amores más sanos, amores más reales y no el tema del cuento de este amor que les enseñaron y siempre ha estado culturalmente jodiendole la vida a las mujeres.

Otro tema es el de la decisión. Decido yo ser madre o no ser madre. También tema de los métodos del uso del condón para que las chavalas lo hablen claramente. Si voy a tener relaciones lo principal es el condón y no es una cosa que vamos a debatir. Hemos visto en el proceso que ellas logran nombrar la violencia en su casa, en su comunidad y en su barrio. Estamos creando un grupo de jóvenes que están publicando y diciendo cosas.

Otra cosa importante es que las chavalas son un ejemplo para otras chavalas, siento la gente las ve como un ejemplo de empoderamiento hacia otras niñas. Además que estas adolescentes han liderado grupos pequeños de clubs de literatura feminista con niñas. Las chavalas tienen un grupo de 6 o 7 niñas y cuando ya terminan el club en una cuadra, van a la otra cuadra y así van, empoderando a las más jóvenes. Las chavalas son las que están haciendo el cambio.

¿Cómo logran trabajar para combatir la violencia machista tomando en cuenta el contexto sociopolítico?

A partir del 2018 la realidad cambió. Una cosa importante que siempre voy a nombrar es el reconocimiento que tenemos a nivel local. Cuando tenés el reconocimiento de que acompañas y ayudas a las mujeres víctimas de violencia, lo demás queda atrás.

Desde 2018 tenemos contacto con líderes de la comunidad y con profesores que nos llaman directamente para que atendamos a las estudiantes, pero no podemos decir el colegio, ni el nombre del profesor. Nos hablan de los casos  y nos dicen “por favor, nos pueden hacer una visita, ayúdenos”.

Además hacemos activismo digital, ya que se cerraron los espacios. Estamos trabajando en la campaña “No soy yo, es tu violencia”, con la que pretendemos concientizar a la gente de que las mujeres no son culpables de la violencia machista, sino sus agresores. Hemos visto que las mujeres jóvenes de la comunidad han tenido reflexiones al respecto y les ha ayudado a salir de círculos de violencia.

¿Por qué es importante que las chavalas se empoderen en esos temas?

Es importante empoderar a las niñas y adolescentes en torno a sus derechos y la lucha contra la violencia machista para que construyamos un mundo con menos desigualdades, de menos violencias, donde las chavalas puedan decidir sobre su cuerpo y puedan tener una vida diferente. Esto implica que puedan defender sus derechos ante las mismas familias y ante sus mismos agresores que están cerca.

Estamos formulando un proyecto para brindar atención psicosocial a niñas víctimas que han sido secuestradas por hombres adultos y que han logrado regresar a sus casas. También estamos trabajando con la comunidad para que ellos mismos logren ver el problema y cómo detectar lo que está pasando con las niñas.

En lo que va del año tenemos 15 niñas que varios hombres se las han llevado. De esas 15, unas 5 han regresado, que las han podido recuperar porque las familias se han involucrado. Ahorita no damos acompañamiento económico porque no tenemos, pero sí acompañamos y les decimos “esta niña tiene 12 años, esto es abuso, esto es violencia y ese hombre no se la puede llevar”. Solamente con tener esa pequeña conversación la familia agarra fuerza y dice “no importa que se haya ido por su gusto, esto es violación”.

También hablamos con los medios de comunicación y los llevamos donde las familias para que se pueda promover el aviso, hacer los post en las redes sociales, todo eso lo hacemos con la comunidad. A nosotras nos llega la información, contactamos con otras colectivas a nivel nacional, contactamos a los medios locales y empezamos a publicar. Así hemos logrado recuperar a algunas chavalas.

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¿Las familias piensan que las niñas se van por su cuenta?

No podemos decir que se van por cuenta porque estamos hablando de niñas de 12 años con hombres de 24 o de 20. No podemos decir que se quiso ir. Siempre está el predominante de que la niña es menor de edad y quienes se las llevan son hombres adultos mayores.

Hay un caso de una niña que se montó en un taxi, nadie sabía nada, se anduvo pegando papeletas, fuimos a los medios, acompañamos a la familia y al final la niña fue recuperada en el lado de Jiquilillo con otra niña adolescente embarazada. Estaban viviendo con dos hombres armados y hasta se armó una balacera cuando se intentó recuperarlas.

Hay diferentes casos. A una de las niñas se la llevó un chico de 19 años, hijo de una comisionada de Ciudad Sandino, lo que hizo más difícil la situación.

El tema de las redes y el contacto es importante porque entre más se promueve y se divulga, se logra recuperar a las niñas. Hay que hacer conciencia porque han habido casos que llegamos donde las familias y nos dicen “ya se fue, ya se fue”, como quien dice “¿Qué le vamos hacer?». Entonces les explicamos “mire, tiene 13 años, todavía no está consciente para decidir algo así, la persona que se la llevó es mayor y apareció de un momento a otro, nadie sabe qué le puede estar pasando”. Cuando se empieza a intervenir a nivel psicosocial se logra que la familia tome una postura diferente.

¿Por qué las familias a veces toman esa postura?

Por las condiciones económicas, porque no tienen los recursos y dicen “¿Cómo voy a denunciar o ir a buscarla si se la llevaron quién sabe dónde?”. Muchas veces en el caso de las comunidades lo ven como un peso menos.

El año pasado incrementaron las desapariciones y continúa este año. En estos últimos meses no ha pasado, pero vemos como una prioridad el registro de las desapariciones de niñas, y así saber cuántas regresaron, cuántas no. Ese es un punto importante que queremos trabajar.

¿A qué atribuyen el incremento de las desapariciones?

Creemos que tiene que ver con las violencias que están viviendo en sus casas, el tema de las redes sociales, que no hay un acuerdo en la comunidad. Puede venir una persona de otro país y nadie se cuestiona. No hay un cuido de la comunidad y de la familia hacia las niñas, y tampoco hay una campaña de prevención de la violencia y del abuso por parte del Estado.

La Policía dice que debemos esperar tantas horas y lo más horrible que nos ha tocado es que cuando las niñas vuelven dicen “ya pasó lo que pasó, y agradezca que la recuperamos, si fue violada o no, agradezca el cuido”. No hay seguimiento, ni cumplimiento de la ley. Las leyes no se están aplicando en este país.

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La Lupa es un medio con perspectiva de género y derechos humanos que surgió en mayo de 2019.